La película de 2003 no se escribió: se guisó. Aquí está el proceso con cantidades y tiempos —dos guiones descartados, 149 días de rodaje, un bergantín que llegó navegando en 40 días y una banda sonora hecha en tres semanas a ocho manos—, y cada ingrediente es una fuente real: un lingote azteca identificado por el INAH en 2020, un reloj parado a las 11:43 del 7 de junio de 1692 y una orden de la Armada británica de 1740.
En Bandera negra está la despensa: los tres libros de los que sale el pirata que todos tenemos en la cabeza. Esto es la cocina. Porque La maldición de la Perla Negra no se escribió, se guisó: alguien juntó una atracción de feria, un lingote azteca, un puerto que se hundió de verdad y un guitarrista de los Rolling Stones, y lo tuvo 149 días al fuego. Aquí está el proceso, con cantidades.
Ficha de la receta
- Raciones
- 143 minutos
- Reposo previo
- Dos guiones descartados, 2001 y principios de 2002
- Cocción
- 149 días, del 9 de octubre de 2002 al 7 de marzo de 2003
- Coste de los ingredientes
- 140 millones de dólares
- Rinde
- 654,3 millones en taquilla mundial
- Dificultad
- Alta: el género llevaba una década dando pérdidas
Ingredientes
- 1 atracción de feria entera, con su canción. «Yo Ho (A Pirate's Life for Me)», música de George Bruns y letra de Xavier Atencio, escrita en 1967 para el pase en barca de Disneyland. No se versiona: se usa tal cual, en el primer minuto largo de película, cantada a media voz por una Elizabeth Swann niña en la cubierta de un barco metido en la niebla.
- 1 perro con un manojo de llaves en la boca. Sacado de la escena de la cárcel de esa misma atracción, donde los presos llevan casi sesenta años intentando que el chucho se acerque. En la película los presos están ahí otra vez y Jack Sparrow desmonta el chiste desde la celda de al lado: «the dog is never going to move». Es la única vez que un personaje se ríe del atrezzo del que ha salido.
- 882 monedas de oro idénticas (inventadas) y 1 lingote de 1,93 kilos (auténtico). Las monedas son el motor de la trama: oro que los aztecas entregaron a Cortés y que carga con la maldición. El lingote apareció en 1981 en unas obras junto a la Alameda Central de Ciudad de México y estuvo treinta y nueve años sin identificar. En enero de 2020 el INAH publicó el análisis por fluorescencia de rayos X: 76,2 % de oro, 20,8 % de plata y 3 % de cobre, la misma aleación que las piezas del Templo Mayor. Es decir, oro azteca fundido en barras por los españoles y perdido en los canales de Tenochtitlan durante la huida del 30 de junio de 1520, la Noche Triste. Un botín maldito de verdad, hundido en el agua, y el único resto material que queda de aquella noche.
- 1 ciudad portuaria hundida a las 11:43 de la mañana. Port Royal, Jamaica, sábado 7 de junio de 1692. La arena sobre la que estaba construida se licuó con el terremoto y dos tercios del pueblo se fueron al mar. La hora la da un reloj de bolsillo parado que sacaron del fondo en una campaña arqueológica de 1959. Murieron unas 2.000 personas en el acto y unas 3.000 más en los días siguientes. El Port Royal de la pantalla es un decorado sobre un sitio que ya no existe.
- 1 cadáver embreado dentro de una jaula de hierro, 3 años a la intemperie. William Kidd fue ahorcado en el Execution Dock de Londres el 23 de mayo de 1701 —a la primera se rompió la cuerda—, luego lo cubrieron de brea y lo colgaron en un gibbet en Tilbury Point, sobre el Támesis, donde estuvo tres años a la vista de todo barco que entrara o saliera. La película abre con eso: una hilera de ahorcados y un cartel de aviso a la entrada del puerto. No es licencia gótica, es señalización marítima.
- Media pinta de ron y un cuartillo de agua por hombre. La proporción es del vicealmirante Edward Vernon, orden a capitanes número 349, del 21 de agosto de 1740, contra «the pernicious custom of the seamen drinking their allowance of rum in drams, and often all at once». A Vernon lo llamaban Old Grog por la capa de grogrén que gastaba, y de ahí salió la palabra grog. Detalle sabroso: es una costumbre de la Armada británica, no de los piratas, y llega cuando la edad de oro de la piratería ya se había acabado. El ron que Elizabeth quema en la isla es, técnicamente, un vicio de la Marina disfrazado de vicio pirata.
- 1 guitarrista, sin sustituto posible. «Empecé a pensar en los piratas del siglo XVIII, en que eran una especie de estrellas del rock de su época», contó Depp; de ahí saltó a Keith Richards. Se lo llevó todo: el equilibrio, las manos, el ritmo de hablar.
- Coronas de oro, más de las necesarias. Depp fue al dentista y se puso más fundas de oro de las que pensaba llevar, calculando que en Disney le pedirían quitar unas cuantas. Se las pidieron. Se quedó con las que quería.
Paso 1 · Dos guiones en frío (2001 y principios de 2002)
La primera versión la escribió Jay Wolpert en 2001, a partir de la atracción y nada más. Stuart Beattie la reescribió a principios de 2002. Eran películas de piratas normales: barcos, sables, un puerto. El problema es que las películas de piratas normales llevaban años sin funcionar, y Michael Eisner intentó parar la producción después del batacazo de The Country Bears en 2002. Lo que lo frenó fue el trabajo de concepto de Gore Verbinski.
Paso 2 · Incorporar la maldición y remover
Ted Elliott y Terry Rossio entraron a reescribir con una idea concreta: meterle sobrenatural. La maldición del oro azteca no era decoración, era la solución al problema comercial. Con ella, la película deja de competir con La isla del tesoro y pasa a competir con las de monstruos: hay una regla mágica, hay una condición para romperla y hay unos tipos que no pueden morir y tampoco pueden emborracharse ni saborear nada, que es la mejor idea del guion. El género no se resucitó haciendo mejores piratas. Se resucitó dejando de hacer una película de piratas.
Es el mismo truco del libro de 1724 que contamos en la colección: el material histórico solo se sostiene cuando alguien le añade una regla que no lo es.
Paso 3 · Cocer 149 días en San Vicente
Rodaje del 9 de octubre de 2002 al 7 de marzo de 2003, con base en San Vicente y las Granadinas. El Port Royal que se ve es Wallilabou Bay, en la costa oeste de la isla. Al terminar desmontaron casi todo, pero el muelle y una fachada se quedaron, y los dueños del fondeadero decidieron conservarlos: hoy hay un museo dentro del edificio principal del decorado. Es el único set de la película que sigue en pie.
Paso 4 · Traer el barco navegando (40 días)
El Interceptor no es un efecto digital: es el Lady Washington, un bergantín de 34 metros construido en Aberdeen (estado de Washington) y botado en 1989 para el centenario del estado, réplica del original de 1788. Para el rodaje lo mandaron desde Long Beach hasta San Vicente por sus propios medios: zarpó el 2 de diciembre de 2002 y llegó al plató el 12 de enero de 2003. Cuarenta días de travesía para salir en una película. La Perla Negra y el Dauntless, en cambio, se construyeron sobre barcazas y se completaron por ordenador.
Paso 5 · Los esqueletos, rodados dos veces
Cada escena de la tripulación maldita a la luz de la luna se rodó dos veces: una con los actores, como referencia, y otra para la captura de movimiento. Industrial Light & Magic firmó unos 600 planos de efectos, y de esos, unos 250 no eran esqueletos ni nada parecido: eran para borrar del horizonte los veleros modernos que se colaban en los planos del Caribe.
La referencia la dijo en voz alta el supervisor de animación de ILM, Hal Hickel, en julio de 2003: «All of us who did this grew up on the films of Ray Harryhausen, who pioneered the mixing of live action and stop-action animation. Films such as Jason and the Argonauts». El esqueleto de la película es, literalmente, un plato recalentado de 1963.
Paso 6 · La salsa, en tres semanas
Esta parte se hizo con el horno ya encendido. Alan Silvestri, que venía de trabajar con Verbinski, estaba contratado para la banda sonora y se marchó por diferencias con Jerry Bruckheimer sin haber grabado nada. Verbinski llamó a Hans Zimmer, que estaba con El último samurái y había prometido no coger otro encargo, así que Zimmer pasó el marrón a Klaus Badelt y se quedó como productor, escribiendo de todos modos buena parte de los temas y regalándole el crédito a Badelt.
Quedaban tres semanas para entregar. Para llegar hicieron falta siete compositores más echando una mano —Ramin Djawadi, James Dooley, Nick Glennie-Smith, Steve Jablonsky, Blake Neely, James McKee Smith y Geoff Zanelli— y cuatro días de grabación con la Hollywood Studio Symphony, más el coro masculino Metro Voices grabado aparte en Londres. De esa carrera contrarreloj salió el tema que hoy se toca en las bodas.
Emplatado
Aviso: a partir de aquí se cuenta el final.
El plato se cierra cuando la última moneda vuelve al cofre con sangre de Turner encima. El detalle de cocina es el orden: Barbossa recibe el disparo antes de que la maldición caiga, y muere en el segundo exacto en que vuelve a ser mortal. La regla mágica que Elliott y Rossio metieron para vender la película es también lo que resuelve el clímax; no hay que explicarlo con diálogo porque el espectador lleva dos horas sabiéndose la norma. Eso es lo que hace que la receta funcione: la maldición no es un adorno, es el agente que liga la salsa.
Notas de la cocinera
El estreno fue el 28 de junio de 2003 en Disneyland y el 9 de julio en cines. Al año siguiente optó a cinco Óscar —actor, maquillaje, montaje de sonido, mezcla de sonido y efectos visuales— y se fue de vacío en los cinco. Depp sí ganó el premio del sindicato de actores, y aquella fue su primera nominación de la Academia, por un personaje que en las proyecciones internas nadie del estudio entendía.
Tres advertencias de despensa. Uno: casi todo lo verificable de aquí viene de fuera del cine —un instituto de arqueología mexicano, un reloj parado en 1692, una orden de la Armada de 1740— y ninguno de esos ingredientes se puso para dar lección de historia, sino porque tenía textura. Dos: lo que se inventó del todo, las 882 monedas, es lo que sostiene la película entera. Y tres: el chucho de las llaves, el ingrediente más tonto de la lista, sigue ahí porque alguien entendió que una película salida de una atracción de feria no debe fingir que no lo es.
The source, in a museum
The Metropolitan Museum of Art · public domain · record
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