Nadie ha medido nunca la cumbre del Everest con una cinta. Su altura es una resta contra un mar imaginario que pasa por debajo del Himalaya, y cada uno de los escalones que hay entre ese cero y la nieve de arriba tiene su propia física, su propio mapa y su propia contabilidad de muertos. Recorrido por cinco cotas, a propósito de «Everest: la otra cara», el documental de Jimmy Chin y Chai Vasarhelyi que se estrena en Venecia el 3 de septiembre.
Un topógrafo no puede plantar el trípode en el punto que quiere medir: si lo hace, ya no está midiendo, está estorbando. Todo lo que sabemos de la altura del Everest se ha obtenido desde lejos, con ángulos, con presiones, con satélites, y solo dos veces con alguien de pie arriba sosteniendo un aparato. Lo que sigue es el mismo camino que hacen los que suben, pero contado por cotas, con los números que de verdad cambian en cada una: la presión que queda, el oxígeno que llega a la sangre, y quién dibujó por primera vez ese trozo de montaña.
0 m. El mar que no está debajo
La cota cero del Everest está en la bahía de Bengala, a más de mil kilómetros. Cuando se dice que la montaña mide 8.848,86 m se está diciendo que su cumbre está a esa distancia de una superficie de nivel —el geoide— que se prolonga imaginariamente por debajo del Himalaya. Mover ese cero mueve la cumbre sin que caiga un solo copo.
La primera vez que se hizo el cálculo, las observaciones se tomaron en 1849 y 1850 desde estaciones del llano del Terai, a más de 170 km del pico. Los ángulos viajaron a Calcuta, donde el chief computer del Great Trigonometrical Survey, Radhanath Sikdar, concluyó en 1852 que el Peak XV, y no el Kangchenjunga, era el más alto del mundo. Le salieron 29.000 pies exactos. Andrew Waugh, el inspector general, le añadió dos pies antes de publicarlo, temiendo que un número redondo pareciera una estimación perezosa; y esperó hasta marzo de 1856 para anunciarlo, ya con el nombre de su predecesor, George Everest, encima.
Ciento setenta años después el problema seguía siendo el mismo cero. Para la medición de 2019, Nepal levantó 298 nuevas observaciones gravimétricas con el único fin de modelar el geoide local. Sin esa red de gravedad, la cifra final no significa nada.
5.364 m. Un campamento que se derrite bajo la tienda
El campo base del lado nepalí está a 5.364 m, sobre el glaciar del Khumbu. Ahí queda algo más de la mitad de la presión atmosférica del nivel del mar, y por encima de esa cota no hay ningún asentamiento humano permanente en todo el planeta. Se puede vivir semanas, no años.
Cartográficamente es un sinsentido: el campo base no es un punto, es un acuerdo temporal. El glaciar se mueve y adelgaza; un estudio de la Universidad de Leeds de 2018 midió un tramo perdiendo un metro de espesor al año, unos 9,5 millones de metros cúbicos de agua. En temporada llegan a juntarse más de 1.500 personas sobre ese hielo, con arroyos de deshielo mezclados con orina y combustible corriendo entre las tiendas. En 2022 el Gobierno nepalí anunció que estudiaba bajarlo unos cuatrocientos metros, a terreno sin hielo permanente.
La película empieza en el otro campo base, el de Rongbuk, en el Tíbet, doscientos metros más abajo: 5.150 m, sobre roca y morrena, y con carretera hasta la puerta. Esa es la primera asimetría entre las dos caras y explica media historia del montañismo del siglo XX.
6.400 m. Donde dejar de subir es la única forma de subir
El campo base avanzado de la vertiente norte se instala hacia los 6.400 m, sobre el glaciar Rongbuk Este. Ese glaciar tiene fecha de descubrimiento útil: el 3 de agosto de 1921, el topógrafo canadiense Edward Oliver Wheeler, que estaba levantando el terreno con fotogrametría terrestre, entendió que aquella lengua de hielo era la llave de acceso a la montaña. Wheeler cartografió él solo unos 1.550 km² de alta montaña; el destacamento topográfico completo, con Henry Morshead, cubrió más de 31.000 km² sin mapa previo. El resultado, Mount Everest and the Group of Chomo Lungma, se editó a escala 1:63.360, una pulgada por milla.
Detalle que ordena todo lo demás: Nepal estaba cerrado a los extranjeros. La aproximación solo podía hacerse por el Tíbet. Es decir, la primera cara del Everest que existió sobre un papel es exactamente la que hoy casi nadie sube. «La otra cara» fue la primera.
A esta altura el cuerpo entra en números negativos. Por encima de los 6.000 m la aclimatación deja de compensar: se pierde masa muscular, se duerme mal, se digiere peor, y cada día de más resta en lugar de sumar. El médico ginebrino Édouard Wyss-Dunant, que dirigió la expedición suiza de 1952, describió cuatro zonas sucesivas de degradación en The Mountain World de 1953. La de arriba la llamó zona letal.
Y 6.400 es también la cota donde arranca el hilo humano del documental: el 30 de septiembre de 2018, Hilaree Nelson y Jim Morrison esquiaron el corredor del Lhotse desde la cumbre y frenaron precisamente en el campo 2, a 6.400 m. Mismo número, otra ladera.
7.900 m. La zona que tiene nombre desde 1952
El Collado Sur está a 7.906 m. El umbral que Wyss-Dunant fijó para su Todeszone fue algo más abajo, los 7.500 m, y de ahí viene la coincidencia, cómoda y falsa, con la lista de los catorce ochomiles.
Aquí los datos dejaron de ser estimaciones en 2007. La expedición Caudwell Xtreme Everest sacó sangre arterial a cuatro escaladores a 8.400 m, en el Balcón, con una presión barométrica de 272 mmHg. La presión parcial de oxígeno arterial media fue de 24,6 mmHg, con un mínimo de 19,1; la de CO₂, 13,3 de media. Publicado en el New England Journal of Medicine en 2009. Cualquiera de esos valores en un hospital, a nivel del mar, es un paciente que se está muriendo delante de ti.
Justo en esa franja empieza el objeto de la película. El corredor Hornbein arranca hacia los 8.000 m y termina a unos 8.500, trescientos cincuenta metros por debajo de la cumbre; lo abrieron Tom Hornbein y Willi Unsoeld el 22 de mayo de 1963 y lo pagaron con un vivac a cielo raso a 8.500 m, sin tienda y sin oxígeno. El 15 de octubre de 2025, Morrison lo bajó esquiando: cuatro horas y cinco minutos, condiciones que él describió como «abominables», la nieve levantada en olas heladas de más de un metro tras una semana de viento. Jimmy Chin lo fotografió.
Que se pueda hablar de la pendiente de ese corredor con decimales se lo debemos a Bradford Washburn. El 20 de diciembre de 1984, un Learjet 35 sobrevoló la montaña a 12.000 m en un día sin una nube; Swissair Photo hizo la fotogrametría, Washburn tardó cinco años en dibujarla a mano y National Geographic publicó el mapa 1:50.000 en noviembre de 1988. Es el primer documento en el que las dos caras del Everest están medidas con el mismo criterio.
8.848,86 m. El número que se pulsó a la vez en dos capitales
El 24 de octubre de 1981, Christopher Pizzo midió en la cumbre la presión barométrica: 253 torr, aproximadamente un tercio de la del nivel del mar. Fue el único dato directo durante décadas, y sigue siendo la referencia; en mayo y octubre, los meses en que se sube, la presión ronda los 251-253. Cincuenta y siete años antes, Edward Norton había alcanzado 8.573 m sin oxígeno suplementario por el corredor que lleva su nombre, en la cara norte: un récord que aguantó 54 años.
La cifra de arriba, en cambio, no ha parado de moverse:
| Año | Autor | Altura |
|---|---|---|
| 1856 | Great Trigonometrical Survey | 29.002 pies (8.840 m) |
| 1954 | Survey of India | 8.848 m |
| 1975 | China | 8.848,13 m |
| 1999 | Washburn / National Geographic, GPS | 8.850 m |
| 2005 | China (roca, sin nieve) | 8.844,43 m |
| 2020 | Nepal y China | 8.848,86 m |
La discrepancia nunca fue de instrumentos, sino de definición: si la nieve de la cumbre cuenta o no cuenta. Se cerró el 8 de diciembre de 2020, cuando el ministro chino Wang Yi y el nepalí Pradeep Gyawali pulsaron un botón a la vez en una videoconferencia y el número apareció en pantalla. Detrás había gente: Khim Lal Gautam subió de noche el 22 de mayo de 2019 con receptor GNSS y georradar para medir el espesor de nieve, se quedó arriba mucho más tiempo del que nadie se queda, y bajó sin dedos de un pie.
Morrison hizo cumbre a las 12:45 tras seis semanas y media en la montaña y empezó a esquiar hacia las dos, unos 2.740 m de desnivel por delante. Antes dejó allí las cenizas de Hilaree Nelson, muerta el 26 de septiembre de 2022 en el Manaslu tras una caída de más de 1.800 m mientras esquiaba con él. Everest: la otra cara dura 115 minutos, se estrena fuera de competición en Venecia el 3 de septiembre de 2026 y llega a las salas estadounidenses el 30 de octubre.
De todo esto, lo que más nos gusta mirar de cerca son las hojas de Wheeler y las curvas de nivel de Washburn: cartografía antigua, dominio público, hecha por gente que dibujaba a mano lo que no podía tocar. Alguna de esas láminas ha acabado convertida en una de nuestras camisetas, con las cotas donde estaban.
The source, in a museum
The Metropolitan Museum of Art · public domain · record
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