El cuadro de 1872 que puso en marcha Gladiator
Jean-Léon Gérôme (1824-1904) pintó Pollice Verso en 1872: un mirmillón de pie sobre un reciario derribado y, en el palco, las vestales asomadas con el pulgar hacia abajo. Cuelga en el Phoenix Art Museum. Antes de que Ridley Scott leyera el guion de Gladiator, los productores le pusieron delante una reproducción.
«Esa imagen me habló del Imperio romano en toda su gloria y toda su maldad. Supe ahí mismo que estaba enganchado.»
En la película, Cómodo salva a Máximo con el pulgar hacia arriba. La coreografía completa del gesto sale de ese lienzo, no de Roma: los textos latinos hablan de un pulgar vuelto —pollice verso— sin decir hacia dónde, y no se conserva ningún documento romano que confirme que hacia abajo significara muerte.
La otra frase del género también es suya. Gérôme expuso Ave Caesar! Morituri te salutant en el Salón de 1859; hoy está en la Yale University Art Gallery. Suetonio la recoge una sola vez, en su vida de Claudio, y con otras palabras —Have imperator, morituri te salutant—: la gritaron unos condenados antes de una batalla naval simulada en el lago Fucino, en el año 52. No eran gladiadores.
Un combate con el marcador escrito al lado
En la sala de Hispania romana del Museo Arqueológico Nacional de Madrid hay un mosaico del siglo III partido en dos escenas. Abajo, el reciario Kalendio ha echado la red sobre el secutor Astyanax y lo ataca con el tridente mientras el lanista jalea el combate. Arriba, el mismo combate ya terminado: Kalendio en la arena, Astyanax en pie.
Junto al nombre del vencedor pone VICIT. Junto al del otro hay una O atravesada por un trazo: es la theta nigrum, la letra griega theta que la epigrafía griega y latina usaba para marcar a los muertos, casi con seguridad por thánatos. El propio museo la glosa además como abreviatura del latín obiit, pero esa segunda lectura se discute. Signifique lo uno o lo otro, el resultado es el mismo: murió. Los mosaístas anotaban el desenlace como quien rellena un acta.
La pieza apareció en 1670 en las termas de una casa del monte Celio, en Roma, pasó por la colección del cardenal Camillo Massimo y la compró Carlos III en el siglo XVIII; desde 1867 está en los fondos del Museo Arqueológico Nacional. La misma convención está en el mosaico de la Galleria Borghese —veintiocho metros de largo, desenterrado en 1834 en la finca de Torrenova, en la vía Casilina—, con los nombres inscritos y, al lado de algunos, la misma señal de muerte, una theta.
El armario que salió de la ceniza en 1766
En diciembre de 1766, los excavadores de Pompeya entraron en el pórtico cuadrado que hay detrás del escenario del teatro grande. Había sido zona de paseo para el público en los entreactos hasta que el terremoto del 62 lo dejó inservible y se reconvirtió en cuartel de gladiadores. Las campañas de 1766 a 1768 sacaron el equipo entero, guardado con cuidado en dos habitaciones.
Cascos de mirmillón con un herma de Hércules y escenas báquicas en relieve. Un casco de tracio con cresta de grifo y una Medusa. Grebas con Júpiter, Neptuno y Minerva. Apenas tienen marcas de golpes: era armadura de desfile, no de pelea. Está en el Museo Arqueológico Nacional de Nápoles y es el catálogo del que copia el atrezo desde entonces.
El diseño más raro es el del secutor, y es el único puramente funcional: liso, redondeado, sin adorno, con dos agujeros diminutos para los ojos. Redondo para que no lo enganchara la red; los agujeros así de pequeños para que no entrara la punta del tridente. El casco dice contra quién se peleaba.
La orquesta de la arena y dos mujeres con escudo
El mosaico de Zliten lo encontró el arqueólogo Salvatore Aurigemma en octubre de 1913, en una villa junto al mar en la costa de Libia, cerca de Leptis Magna. Es del siglo II y ordena el espectáculo por parejas de tipos: équites, reciario contra secutor, tracio contra mirmillón, más las cacerías y las ejecuciones.
En un extremo está lo que casi nadie espera: la banda. Una mujer toca un órgano hidráulico y a su lado suenan las trompas de metal. Los combates tenían música en directo, y la tenemos retratada.
En el British Museum hay un relieve de mármol procedente de Halicarnaso, el actual Bodrum. Dos gladiadoras enfrentadas: escudo alargado, grebas, protector de brazo, la cabeza descubierta. La inscripción griega da sus nombres de combate, Amazon y Achillia, y dice que fueron missae: las despidieron con honor, sea porque empataron en pie, sea porque las licenciaron del oficio. Es el único combate de gladiadoras del que conocemos los nombres.
De la plancha de Piranesi al plató
Giovanni Battista Piranesi (1720-1778) grabó el Coliseo cuatro veces. La última, Veduta dell'Anfiteatro Flavio detto il Colosseo, es de 1776 y ocupa una hoja de 76 × 101 cm: una vista a ojo de pájaro que abre el anfiteatro como si fuera un plano, con figuras minúsculas en el centro para que se entienda la escala. Piranesi etiquetó las gradas indicando qué clase social se sentaba en cada una.
El otro proveedor de imágenes es Lawrence Alma-Tadema (1836-1912), que pintaba romanos sobre mármol blanquísimo con una precisión arqueológica maniática. Jesse Lasky Jr., coguionista de Los diez mandamientos, contó que Cecil B. DeMille desplegaba láminas suyas delante de los decoradores para explicarles lo que quería. Esa Antigüedad de mármol es la de Intolerancia (1916), Ben-Hur (1925) y Cleopatra (1934); de Gladiator se ha dicho que es un Alma-Tadema en penumbra.
- Quo Vadis (1913), de Enrico Guazzoni, sobre la novela de Sienkiewicz de 1896: 5.000 extras y dos horas de metraje. Fundó el género.
- Espartaco (1960) adapta la novela de Howard Fast de 1951, que sigue con derechos: de ahí no se toma nada. La revuelta en sí la cuentan Plutarco, en la Vida de Craso, y Apiano: de ahí viene que los gladiadores de la escuela de Léntulo Batiato, en Capua, se abrieran paso en el 73 a.C. con cuchillos y asadores de la cocina.
- Centurión (2010) y El águila (2011) se apoyan en la Novena Legión desaparecida, un misterio que popularizó la novela de Rosemary Sutcliff en 1954 y que la arqueología ha ido desmontando: hay sellos de tejas de la legión en Nimega fechados hacia el 120, después de la supuesta matanza en Caledonia.
- Gladiator II (2024) inunda el Coliseo, y eso tiene base textual: Casio Dión cuenta que Tito celebró allí una batalla naval en el año 80. Cómo se llenaba la arena sigue sin resolverse, y los tiburones no salen en ninguna fuente.
El primer Ben-Hur duró quince minutos y acabó en el Tribunal Supremo
En 1907, dos años después de morir Lew Wallace, la productora Kalem rodó un Ben-Hur de quince minutos sin pedirle permiso a nadie. La carrera de cuadrigas se filmó en el hipódromo de Sheepshead Bay, en Brooklyn, con bomberos del cuerpo local conduciendo los caballos de los carros de bombas delante de un decorado de feria.
Harper & Brothers, el hijo y heredero de Wallace y los productores teatrales Klaw & Erlanger demandaron. El 13 de noviembre de 1911 el Tribunal Supremo de Estados Unidos falló en Kalem Co. v. Harper Bros. (222 U.S. 55), con ponencia de Oliver Wendell Holmes: una película que reproduce la historia de una novela es una dramatización, y por tanto infringe, y responde la productora aunque no sea ella quien la exhiba.
Ese fallo inventó los derechos de adaptación cinematográfica tal como funcionan hoy, y de paso dibujó la línea exacta por la que existe esta colección. Al otro lado de esa línea están la novela de Wallace, la de Sienkiewicz, los grabados de Piranesi y los cuadros de Gérôme: material que ya es de todos y con el que se puede trabajar sin pedir permiso a nadie.













