Un poema sin manuscrito de autor
La Odisea se compone hacia el siglo VIII a.C. en hexámetros dactílicos y en un dialecto que nadie habló jamás en la calle: el griego homérico, una mezcla artificial de jonio y eolio armada para caber en el verso. No existe un original de Homero. Lo que leemos viene de los filólogos de Alejandría, que ordenaron el texto y lo partieron en veinticuatro cantos, uno por cada letra del alfabeto griego; la edición de Aristarco de Samotracia (siglo II a.C.) es la que acabó siendo la versión estándar. Esa división tan citada no es de Homero: es de bibliotecarios.
Y el poema no empieza por el principio. Arranca con Ulises ya retenido en la isla de Calipso y su hijo Telémaco buscándolo por Grecia. El viaje famoso —el cíclope, los lotófagos, Circe, el descenso al Hades, las sirenas, Escila y Caribdis— lo cuenta el propio Ulises durante una cena, en pasado, en los cantos IX a XII. Cuatro cantos de flashback contados por un narrador que el poema describe como un mentiroso profesional.
Las sirenas no tenían cola de pez
Homero no describe a las sirenas. No dice si tienen plumas, escamas o piernas: dice que son dos y que cantan. El aspecto lo puso el arte. Los ceramistas griegos las pintaron como mujeres-pájaro, cabeza humana sobre cuerpo y garras de ave, y así aparecen en el stamnos de figuras rojas del llamado Pintor de las Sirenas (c. 480-470 a.C., British Museum), con Ulises atado al mástil y las criaturas emplumadas encima del barco. La cola de pez llega mucho más tarde, por vía de los bestiarios medievales: el Physiologus de Berna, del siglo IX, ya las dibuja con cola aunque el texto que ilustra siga hablando de aves. La sirena que todo el mundo tiene en la cabeza no viene de Homero, viene de un error de copista con siglos de éxito.
El cíclego es incluso anterior al texto que lo cuenta. En el ánfora de Eleusis (c. 650-625 a.C., Museo Arqueológico de Eleusis) el cegamiento de Polifemo está pintado en el cuello de la vasija: tres hombres empujando una estaca hacia un ojo. La pieza se usó como urna funeraria de un niño de diez o doce años.
Ulises, Júpiter y Minerva: cómo suena en castellano
La primera traducción conocida al castellano la firma Gonzalo Pérez en 1550, secretario de Carlos V y de Felipe II. Pero la que casi todo el mundo ha leído en España es la de Luis Segalá y Estalella (Barcelona, 21 de junio de 1873 - Barcelona, 17 de marzo de 1938), catedrático de griego en Sevilla desde 1899 y en Barcelona desde 1906: la Ilíada en 1908 y la Odisea en 1910. Prosa literal, vocabulario deliberadamente antiguo y los nombres pasados por el latín —Ulises en vez de Odiseo, Júpiter en vez de Zeus, Minerva en vez de Atenea—, que es exactamente por lo que en español decimos «Ulises» y en inglés dicen «Odysseus».
El chiste central del canto IX sobrevive intacto a ese castellano de hace un siglo. Ulises se presenta ante el cíclope:
«Mi nombre es Nadie; y Nadie me llaman mi madre, mi padre y mis compañeros todos.»
Y cuando Polifemo grita que lo están matando, los cíclopes vecinos contestan desde fuera de la cueva: «Pues si nadie te hace fuerza, ya que estás solo, no es posible evitar la enfermedad que envía el gran Júpiter». Segalá murió durante los bombardeos de la aviación italiana sobre Barcelona, en marzo de 1938.
De un stamnos ático a una cámara IMAX
El cine ha vuelto aquí una y otra vez, y casi siempre por el mismo sitio: el monstruo y la mujer que espera.
- Ulises (1954), de Mario Camerini, con Kirk Douglas. Silvana Mangano interpreta a la vez a Circe y a Penélope, así que la tentación y la fidelidad tienen literalmente la misma cara. En el guion andaban Ben Hecht e Irwin Shaw; la secuencia del cíclope la dirigió Mario Bava, sin acreditar.
- El desprecio (1963), de Jean-Luc Godard. Fritz Lang se interpreta a sí mismo rodando una adaptación de la Odisea mientras el matrimonio del guionista se deshace en paralelo. Es la película sobre la imposibilidad de filmar este poema.
- The Odyssey (1997), miniserie de NBC dirigida por Andréi Konchalovski y producida por Francis Ford Coppola, con Armand Assante e Isabella Rossellini. Cuarenta millones de dólares, rodaje en Malta, Turquía e Inglaterra, 20,6 millones de espectadores la primera noche y un Emmy de dirección.
- O Brother, Where Art Thou? (2000), de Joel Coen. Los créditos declaran «based upon The Odyssey by Homer» y los Coen reconocieron después que no lo habían leído; el único del rodaje que sí lo había hecho era Tim Blake Nelson, licenciado en clásicas por Brown. Da igual: ahí están Ulysses Everett McGill, su mujer Penny, Big Dan el tuerto y las tres mujeres cantando junto al río.
- La Odisea (estreno 17 de julio de 2026), de Christopher Nolan. Matt Damon como Odiseo, Anne Hathaway como Penélope, Tom Holland como Telémaco, Zendaya como Atenea, Robert Pattinson como Antínoo y Charlize Theron como Calipso. 250 millones de presupuesto, rodaje en Marruecos, el Sáhara Occidental, Grecia, Italia, Islandia y Escocia, y la primera película entera filmada con cámaras IMAX de 70 mm. La decisión de fondo es no enseñar a los dioses: se ve la reacción de la gente ante algo que podría ser solo meteorología.
El viaje no termina en Ítaca
Lo que casi nadie recuerda es que el poema deja el final abierto a propósito. En el canto XI, en el reino de los muertos, el adivino Tiresias le encarga a Ulises un segundo viaje que empieza cuando termine el primero: tiene que coger un remo, echárselo al hombro y caminar tierra adentro, lejos del mar, hasta llegar a un pueblo que no sepa lo que es un barco.
«Toma un manejable remo y anda hasta que llegues á aquellos hombres que nunca vieron el mar, ni comen manjares sazonados con sal, ni conocen las naves de encarnadas proas [...]. Cuando encontrares otro caminante y te dijere que llevas un aventador sobre el gallardo hombro, clava en tierra el manejable remo.»
La señal es que alguien confunda el remo con un aventador, la pala de madera con la que se avienta el grano. Ahí, donde la herramienta del mar se lee como herramienta de campo, es donde hay que clavarlo y hacer sacrificio a Poseidón. Es decir: la Odisea acaba con el héroe de vuelta en casa y con la instrucción de volver a marcharse. Ese remo clavado tierra adentro es una de las imágenes más raras y más limpias del poema, y prácticamente nadie la ha llevado al cine.





















