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2001: A Space Odyssey

carta lector

Antes de llamarse HAL, el ordenador de 2001 se llamó Atenea

18.08.2026 · 2001: A Space Odyssey (1968) ·Stanley Kubrick

Kubrick tenía otro título, otro compositor y otro ordenador: en los borradores la máquina de a bordo se llamaba Atenea y hablaba con voz de mujer, igual que la diosa que protege a Ulises. Carta a alguien que aún no la ha visto, contando de qué está hecha sin destriparle una sola escena.

Te escribo porque el otro día soltaste, con una tranquilidad que casi envidio, que nunca has visto 2001 y que te han dicho que no pasa nada durante dos horas. Lo segundo es medio verdad. Lo primero se arregla una tarde de éstas. Pero antes de que le des al play quiero contarte de qué está hecha, porque es de esas películas que rinden el triple si sabes qué estás mirando. Tranquilo: no te voy a contar nada de lo que ocurre.

Empiezo por el título, que fue lo último en llegar. El 23 de febrero de 1965 Kubrick emitió una nota de prensa anunciando su nueva película: se iba a llamar Journey Beyond the Stars, «viaje más allá de las estrellas», que suena exactamente a lo que era, una peli de naves. Dos meses después lo cambió. Clarke, que llevaba casi un año escribiendo con él, dijo que el título definitivo fue idea «enteramente» de Kubrick. Y Kubrick explicó por qué en The New Yorker, en 1965, con una frase que a mí me parece la mejor sinopsis que se ha escrito de la película:

«Se nos ocurrió que para los griegos las inmensas extensiones del mar debían de tener el mismo tipo de misterio y lejanía que el espacio tiene para nuestra generación, y que las islas remotas que visitaban los maravillosos personajes de Homero no les resultaban menos remotas de lo que nos resultan a nosotros los planetas donde nuestros astronautas van a aterrizar pronto.»

O sea: no es una película de ciencia ficción a la que alguien le colgó la palabra «odisea» porque quedaba culta. Es al revés. Kubrick decidió que estaba rodando la Odisea y a partir de ahí el molde griego se quedó dentro para siempre. Clarke lo mantuvo el resto de su vida: las secuelas se llaman 2010: Odisea dos (1982), 2061: Odisea tres (1987) y 3001: Odisea final (1997). Cuatro libros y un nombre prestado de un poema de hace veintiocho siglos.

Ahora lo del aburrimiento, que es lo que te frena. Es cierto que apenas se habla. Los primeros veinte y pico minutos no tienen una sola palabra, y los veinte últimos tampoco. Lo que hay entre medias es un guion cortísimo repartido entre gente que habla como se habla en una reunión de trabajo: educadamente y sin decir nada. Eso no es un defecto de ritmo, es la decisión de fondo. La película se niega a explicarse con la boca. Si vas esperando que alguien te resuma lo que acabas de ver, no va a pasar; si aceptas que el sonido y la imagen van a hacer todo el trabajo, funciona a la primera. Piensa que estás viendo algo más cerca del ballet que del cine de aventuras, y ya está.

Lo que sí te va a sonar del poema es la forma de una situación concreta, y aquí voy a ir con cuidado. Hay un tramo de la película que consiste en un sitio cerrado, una puerta que no se abre y un guardián con un solo ojo. Es literalmente la geometría del canto IX, el del cíclope: la cueva, la roca en la entrada, Polifemo. El ojo, por cierto, es un objeto real y modesto: una lente ojo de pez Nikkor de 8 mm, de unos siete centímetros y medio de diámetro, montada en un panel. Toda la iconografía del ordenador asesino que llevamos sesenta años arrastrando sale de una lente de fotografía japonesa. Cómo se resuelve ese tramo no te lo cuento.

Y ahora el dato por el que me apeteció escribirte. Ese ordenador no siempre se llamó HAL. En los borradores de Clarke era primero Socrates, un robot humanoide que andaba por los pasillos de la nave. Después dejó de andar, se quedó incrustado en las paredes y pasó a llamarse Athena, Atenea, con voz de mujer. Atenea, en la Odisea, es la diosa que protege a Ulises, la que lo aconseja, lo disfraza y lo saca de los líos. Es decir: durante una parte del desarrollo, la máquina de a bordo llevaba el nombre de la aliada del héroe. Cuando decidieron que sonara a hombre y le pusieron HAL —siglas de Heuristically programmed ALgorithmic computer—, el personaje se cambió de bando. Sobre la coincidencia de que HAL sea IBM con cada letra desplazada una posición, Clarke la negó siempre y escribió que les dio bastante vergüenza y que habrían cambiado el nombre de haberse dado cuenta a tiempo.

La voz de HAL es la de un actor canadiense de teatro clásico, Douglas Rain. Es la parte más rara del rodaje. Rain grabó todo en día y medio, no leyó el guion —le dieron solo sus frases— y no llegó a conocer a los actores con los que está hablando en pantalla, que habían rodado sus escenas un año antes. Antes que él lo había grabado Martin Balsam, el detective de Psicosis, y Kubrick lo descartó por demasiado emocional. ¿Y qué oían Keir Dullea y Gary Lockwood mientras actuaban? A Kubrick y a su ayudante de dirección, Derek Cracknell, leyéndoles las frases del ordenador por radio desde fuera del plató. Cracknell era cockney cerrado, así que «better take a stress pill, Dave» le salía «better tyke a stress pill, Dyve». Dullea contó después que fue como actuar con Michael Caine. Cuando veas la escena, acuérdate: esa calma glacial se pegó encima meses más tarde.

Del cómo está hecha te doy tres números y lo dejo. El paisaje africano del principio no es África: es proyección frontal sobre una pantalla reflectante de doce metros de alto por treinta y tres de ancho, con las transparencias fotografiadas en el suroeste africano. El túnel de luces del final es slit-scan, un barrido por rendija que se inventó para esta película. Y la sección de la nave donde los astronautas corren por la pared es una centrifugadora de verdad: once metros y medio de diámetro, veintisiete toneladas, 750.000 dólares de 1966, construida por Vickers-Armstrong. La película ganó un solo Oscar, el de efectos visuales, y es el único Oscar que Stanley Kubrick recogió en toda su vida.

Terminado el rodaje, Kubrick mandó destruir las maquetas y también los planos para construirlas. No quería que acabaran alquiladas en series de televisión, como había pasado con los cacharros de Planeta prohibido. Suena a manía de director tirano y lo es, pero tiene una consecuencia bonita: lo que vas a ver no se puede reconstruir. Solo se puede proyectar.

La música merece párrafo aparte, porque casi todo el mundo cree que se compuso para la película y es al revés. Kubrick encargó una banda sonora original a Alex North, la grabó, y luego montó el film con las piezas provisionales que había usado durante el rodaje. North se enteró de que su música no estaba en el estreno sentado en la butaca. Y a György Ligeti, del que suenan varios minutos largos, no le pidió permiso nadie: se enteró viendo la película en Viena y acabó demandando a la Metro. La banda sonora más famosa de la historia del cine está hecha de música ajena, una de ellas tomada sin avisar.

Te cuento cómo le fue, porque consuela. Se estrenó el 2 de abril de 1968 en el Uptown Theater de Washington con 160 minutos. En el pase de Nueva York se levantaron unas doscientas cincuenta personas y se fueron. Kubrick, esa misma semana, se metió en la sala de montaje y le quitó diecinueve minutos. Ni el que la había hecho sabía lo que tenía entre manos. A España llegó el 17 de octubre de 1968, al Teatro Albéniz Cinerama de Madrid y al Florida Cinerama de Barcelona, en pantalla curva y con entrada numerada, que era como se veían entonces las películas importantes.

Añado la anécdota que mejor explica en qué cabeza vivía todo esto. Según Clarke, mientras escribían, Kubrick intentó contratar en Lloyd's de Londres un seguro que le cubriera las pérdidas si alguien descubría vida inteligente extraterrestre antes de que la película se estrenara. Lloyd's dijo que no. Años después Carl Sagan comentó que fue un mal negocio para la aseguradora.

Dos consejos y te dejo. Uno: no leas la novela de Clarke antes. Se publicó en junio de 1968, dos meses después del estreno, y explica con palabras varias cosas que la película deja deliberadamente cerradas. Léela después y tendrás dos obras; léela antes y tendrás una sola, y la peor. Dos: búscala grande. En mayo de 2018 se tiró una copia nueva en 70 mm desde el negativo original, sin restaurar, sin retocar los efectos y sin arreglar nada, y se estrenó en Cannes el día 12 presentada por Christopher Nolan. La gracia era enseñarla exactamente con las imperfecciones que tenía en 1968. Ese mismo hombre acaba de rodar su propia Odisea, la de Homero, con cámaras de 70 mm. El poema, la película que le robó el título y el director que ha vuelto al poema: el círculo se cierra solo.

Ponla un sábado por la noche, con la casa a oscuras y el móvil en otra habitación. Si a los veinte minutos sigues pensando que no pasa nada, aguanta hasta que aparezca la lente. Y luego me cuentas.

La source, dans un musée

Penelope
Penelope · Charles-François Marchal · ca. 1868
The Metropolitan Museum of Art · domaine public · fiche
Hermes Ordering Calypso to Release Odysseus
Hermes Ordering Calypso to Release Odysseus · Gerard de Lairesse (Flemish, 1641–1711) · c. 1670
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Mercury Orders Calypso to Allow Ulysses Depart · Gerard de Lairesse (Flemish, 1641–1711) · c. 1670
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