El libro que salió firmado por su protagonista
El 25 de abril de 1719 el librero William Taylor puso a la venta en Londres The Life and Strange Surprizing Adventures of Robinson Crusoe, of York, Mariner. En la portada no aparecía Daniel Defoe: el autor declarado era Crusoe y el subtítulo remataba «Written by Himself». Mucha gente lo compró creyendo que era eso, el diario de un superviviente real. Antes de acabar 1719 iban cuatro ediciones.
Defoe rondaba los sesenta y venía del panfleto, la quiebra y la picota. Aprovechó el tirón con dos continuaciones, The Farther Adventures ese mismo año y Serious Reflections en 1720, que hoy no lee nadie. La primera parte llevaba más de setecientas ediciones, traducciones e imitaciones al acabar el siglo XIX, y Rousseau decidió en el Emilio (1762) que fuese el único libro que su alumno podía tocar antes de los doce años.
Un detalle que casi todo el mundo tiene al revés: la isla de la novela no está en el Pacífico. Crusoe encalla en el Caribe, cerca de la desembocadura del Orinoco, y la bautiza Isla de la Desesperación.
El escocés que pidió quedarse en tierra
El modelo real fue Alexander Selkirk, maestre del Cinque Ports. En septiembre de 1704 discutió con su capitán, Thomas Stradling, sobre el estado del casco y pidió que lo dejaran en Más a Tierra, en el archipiélago Juan Fernández, a 670 kilómetros de Chile. Le dejaron un mosquete, un hacha, un cuchillo, una olla, una Biblia y algo de ropa. Tenía razón sobre el casco: el Cinque Ports se hundió poco después cerca de la isla de Malpelo.
Aguantó cuatro años y cuatro meses a base de cabras cimarronas, langostas y nabos silvestres, y cuando la ropa se le deshizo se cosió otra de piel de cabra con un clavo por aguja. Lo recogió el Duke de Woodes Rogers el 2 de febrero de 1709. Rogers publicó el caso en A Cruising Voyage Round the World (1712) y Richard Steele lo entrevistó para The Englishman en 1713. Selkirk murió en 1721 a bordo del HMS Weymouth, frente a África.
En febrero de 2005, una excavación en Aguas Buenas, en esa misma isla, sacó de la tierra un fragmento de aleación de cobre identificado como parte de un compás de puntas de principios del XVIII: lo más cerca que se ha estado del campamento de Selkirk. El hallazgo se publicó en Post-Medieval Archaeology en 2007.
Tampoco fue el primero. El Inca Garcilaso contó en los Comentarios reales (1609) el caso de Pedro Serrano, náufrago español en un banco de arena del Caribe entre 1526 y 1534: tres años solo, bebiendo sangre de tortuga, con el pelo y la barba tan largos que se los trenzaba para dormir.
El paraguas de piel de cabra
Lo que se dibuja aquí son objetos, no símbolos. La huella descalza en la arena. El poste con muescas, una raya por día y más larga los domingos, porque sin eso se pierde la cuenta. El parasol de piel de cabra cosido con el pelo hacia fuera para que resbale el agua. La balsa de barriles y tablones con la que desvalija el barco encallado antes de que se lo trague el mar. La empalizada de estacas dobles delante de la cueva. Las cabras, el loro que aprende a repetir su nombre, el plano de la isla.
Los grabados vienen de ahí. La primera edición solo llevaba un frontispicio firmado por John Clark y John Pine, y ninguna ilustración dentro: las láminas eran un extra que se añadía cuando el libro ya había demostrado que vendía. Vendió. George Cruikshank lo ilustró en 1831, J. J. Grandville metió más de doscientos grabados en la edición francesa de 1840 y Walter Paget firmó las 120 láminas de la edición de Cassell de 1891, las más copiadas del siglo. Paget era hermano de Sidney, el que dibujó a Sherlock Holmes, y le sirvió de modelo.
Al lado está el otro repertorio, el del naufragio a secas: La balsa de la Medusa, que Géricault pintó en 1819 a partir del naufragio de la fragata Méduse el 2 de julio de 1816. Trece días a la deriva, quince supervivientes de al menos ciento cuarenta y siete.
De la plancha de cobre al plató
La primera película es de 1902 y la firma Georges Méliès: quince minutos con los decorados calcados de los grabados de Grandville. Durante décadas solo se conservó un fragmento en blanco y negro, hasta que en 2011 apareció una copia en nitrato coloreada a mano en un lote donado a la Cinémathèque française. Restaurada, se reestrenó en Pordenone en 2012.
La versión que mejor aguanta es la de Luis Buñuel, rodada en 1952 cerca de Manzanillo, en Colima, con interiores en los estudios Tepeyac. Fue su primera película en color y la primera en inglés, rodada a la vez en dos idiomas. Dan O'Herlihy se llevó una candidatura al Óscar al mejor actor en 1955 por un papel en el que pasa media película sin nadie con quien hablar.
En 1964 hay dos que importan. Robinson Crusoe on Mars, de Byron Haskin, el mismo de La guerra de los mundos, rodada en Zabriskie Point, en el Valle de la Muerte, filmando desde las crestas para que Marte no pareciera un western: Adam West se mata en los primeros minutos y el primer compañero de reparto es un mono. Y la serie franco-alemana con Robert Hoffmann, que la BBC troceó en trece episodios; exigió sintonía nueva antes de comprarla, se la encargó a Robert Mellin y Gian Piero Reverberi, y esa música fue el verano escolar británico hasta 1982. Después llegaron Man Friday (1975), con Peter O'Toole y el relato contado desde Viernes; Crusoe (1988); y la de 1997 con Pierce Brosnan.
Robinsonadas
La palabra existe desde 1731. La acuñó el alemán Johann Gottfried Schnabel en el prólogo de Die Insel Felsenburg, el mismo año en que murió Defoe, para nombrar el aluvión de imitaciones.
Ese género sigue rodando sin citar la novela. Náufrago (2000) es el caso de manual: el guionista William Broyles Jr. se hizo abandonar una semana en una playa del golfo de California para escribirla, y allí le llegó a la orilla un balón de la marca Wilson. Marte (2015) es Crusoe con patatas. Perdidos (2004) es la isla convertida en serie. Siempre la misma mecánica: un inventario, una rutina y una señal.
El remate está en el mapa. En 1966 Chile rebautizó el archipiélago para atraer turismo: Más a Tierra pasó a ser isla Robinson Crusoe y Más Afuera, isla Alejandro Selkirk. Selkirk nunca puso un pie en Más Afuera. Pasó cuatro años en la otra, la que ahora lleva el nombre del personaje inventado.

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