Un escritor que cobraba por entregas
Dickens no publicaba libros: publicaba fascículos. Los papeles póstumos del club Pickwick arrancaron en abril de 1836 a un chelín el cuaderno, y el proyecto estuvo a punto de morir en el segundo número. Robert Seymour, el dibujante que había tenido la idea original, se peleó por el control creativo con un Dickens de veinticuatro años, se reunió con él el 17 de abril y tres días después se pegó un tiro en el jardín de su casa de Islington. Le sustituyó primero Robert William Buss, que solo aguantó un número, y desde la entrega de julio de 1836 Hablot Knight Browne, que firmaba «Phiz» y siguió hasta el final del serial en noviembre de 1837.
A partir de ahí, casi todo salió por capítulos. Oliver Twist en Bentley's Miscellany, entre febrero de 1837 y abril de 1839. Historia de dos ciudades, semanal en All the Year Round del 30 de abril al 26 de noviembre de 1859, y a la vez en ocho entregas mensuales con dieciséis láminas de Phiz, las últimas que le hizo a Dickens. Grandes esperanzas en semanales, del 1 de diciembre de 1860 al 3 de agosto de 1861: treinta y seis entregas y una de las dos únicas novelas que Dickens publicó sin una sola ilustración, junto con Tiempos difíciles.
Cuento de Navidad fue la excepción. Un libro entero, de golpe, el 19 de diciembre de 1843, en Chapman & Hall, a cinco chelines, encuadernado en tela con cantos dorados y portada a dos tintas. Los seis mil ejemplares se agotaron en Nochebuena.
Los tres dibujantes que le pusieron cara
George Cruikshank grabó veinticuatro láminas al acero para Oliver Twist, una por entrega, entre 1837 y 1839. La más famosa, Fagin in the condemned cell (marzo de 1839), le costó días: no daba con la postura hasta que una mañana se vio en el espejo del dormitorio, sentado en la cama, con la mano tapándose la barbilla y las yemas entre los labios, y gritó «¡That's it!». Chesterton dijo después que no parece un dibujo de Fagin, sino un dibujo hecho por Fagin.
John Leech firmó las ocho estampas de Cuento de Navidad: cuatro aguafuertes coloreados a mano y cuatro xilografías. Ahí están Marley's Ghost, Mr. Fezziwig's Ball, Scrooge's Third Visitor, Ignorance and Want y The Last of the Spirits. Esas ocho imágenes son el molde: casi todo Scrooge que ha pasado por una pantalla viene de ellas.
Cadenas, apagavelas y relojes parados
Lo concreto es lo que se queda. La cadena de Marley está hecha —y Dickens la enumera pieza a pieza— de cajas de caudales, llaves, candados, libros de cuentas, escrituras y bolsas de dinero forjadas en acero. Marley lleva además la venda con la que se sujetaba la mandíbula de los muertos; cuando se la quita, la mandíbula inferior le cae sobre el pecho.
El primer espíritu no es una señora con velo: es una figura entre niño y anciano de cuya coronilla brota un chorro de luz, y por eso carga bajo el brazo un apagavelas gigante a modo de gorro. El segundo lleva una antorcha con forma de cuerno de la abundancia y esconde bajo el manto a dos niños escuálidos: «este niño es la Ignorancia, esta niña es la Necesidad». El tercero es una túnica negra sin cara de la que solo asoma una mano extendida.
Del lado de Grandes esperanzas: un vestido de novia amarilleando sobre un cuerpo vivo, la tarta nupcial tomada por telarañas, un zapato sin poner y todos los relojes de Satis House detenidos a las nueve menos veinte. Y de Oliver Twist, un cuenco vacío y la petición de más gachas.
El plano que Griffith le robó a Dickens
En 1908, rodando After Many Years en la Biograph, D. W. Griffith propuso cortar de Annie Lee esperando en casa a Enoch náufrago en una isla. Sus jefes se le echaron encima: «¿cómo vas a contar una historia dando saltos así? La gente no se va a enterar de qué va». Griffith contestó: «Bueno, ¿no escribe Dickens de esa manera?». La escena la contó Linda Arvidson, su mujer, en sus memorias de los años de la Biograph.
Eisenstein recuperó el episodio en 1944, en el ensayo Dickens, Griffith y el cine de hoy, para defender que el montaje paralelo no lo inventó el cine: lo copió de la novela por entregas, que saltaba de una trama a otra porque tenía que dejar al lector colgado a fin de mes. Cada vez que una película alterna dos acciones simultáneas está usando algo que Griffith justificó citando a Dickens.
De un truco de 1901 a Kit Harington
La adaptación más antigua que se conserva es Scrooge, or, Marley's Ghost, noviembre de 1901, producida por R. W. Paul y dirigida por Walter R. Booth. Doce cuadros, 620 pies de metraje original de los que solo sobreviven 323 en el archivo del BFI, y un efecto que todavía funciona: la cara de Marley sobreimpresa en la aldaba de la puerta.
Desde entonces, más de un centenar de versiones filmadas. Grandes esperanzas (1946) es David Lean en estado puro: Martita Hunt como Miss Havisham, Finlay Currie saltando sobre Pip entre las lápidas, Alec Guinness de Herbert Pocket y dos Óscar —fotografía para Guy Green, dirección artística para John Bryan y Wilfred Shingleton—. Oliver! (1968), de Carol Reed, con Ron Moody de Fagin y Oliver Reed de Bill Sikes, se llevó cinco Óscar, mejor película incluida, más un premio honorífico a la coreografía de Onna White. Alastair Sim, en 1951, sigue siendo el Scrooge de referencia.
Y el molde aguanta fuera de Navidad: Ghosts of Girlfriends Past (2009) traslada la noche de los tres espíritus a la víspera de una boda, con Michael Douglas de tío Wayne, el muerto que hace de Marley, y Emma Stone de primer fantasma, la primera novia del protagonista; los otros dos espíritus no son exnovias, sino su ayudante y una figura muda sin rostro. Historia de dos ciudades vuelve el 6 de septiembre de 2026 en MGM+ y BBC One, con Kit Harington de Sydney Carton.
Ganó el juicio y perdió 700 libras
Dickens esperaba mil libras de Cuento de Navidad y sacó doscientas treinta: había exigido una edición de lujo, con aguafuertes iluminados a mano uno a uno, y el coste se comió el margen. En enero de 1844, Parley's Illuminated Library publicó una versión resumida a dos peniques. Dickens denunció, ganó, y los piratas se declararon en quiebra: acabó pagando setecientas libras de costas.
De ahí le viene la manía de controlar el texto en directo. El 27 de diciembre de 1853 leyó Cuento de Navidad en voz alta en el Town Hall de Birmingham ante casi dos mil personas y repitió tres días después para público obrero. Recaudó 227 libras para el Birmingham & Midland Institute. Fue el primero de los cientos de recitales con los que convirtió la novela en espectáculo escénico, cincuenta años antes de que nadie la llevara a una pantalla.













