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Collection

Que viene el Coco

El Coco no tiene cara, y por eso vale para todo. Goya lo grabó en 1799 como una figura tapada con una sábana de la que solo asoma un zapato, la prensa española del XIX le añadió un saco y un cuchillo, y el cine se lo quedó entero: Michael Myers sale acreditado como «la Forma», el demonio de Sinister se llama Míster Boogie y el niño de El orfanato lleva un saco con dos agujeros. Esta colección viene de ahí.

'Que viene el Coco' - Goya, 1799 (dominio público) · la puerta entreabierta · la nana amenazante · la silueta bajo el marco · el saco · rimas infantiles tradicionales · grabados de los Caprichos

Auteur
Anónimo / tradición oral, con una imagen fijada por Francisco de Goya y Lucientes (1746-1828)
Époque
h. 1445-1799 (folclore); el grabado de Goya, 1799
Œuvres concernées
7

El folclore es libre. La rima concreta de la novela de Alex North NO: escribe la tuya o usa una tradicional.

Ce qu'on voit dans cette collection

Un espectro de pie envuelto en una sábana, sin rostro, con una calabaza hueca por cabeza: dos ojos torcidos y una boca abierta recortados a cuchillo en la corteza seca. Bajo el borde levantado de la tela asoma un zapato puntiagudo de caballero, que es el detalle que delata que debajo hay un hombre. Alrededor, la otra rama de la familia: el saco de arpillera con agujeros a la altura de los ojos, la sábana que borra la cara y los tres orificios del coco, los mismos que le dieron nombre al fruto del cocotero.

Goya le puso cara en 1799

El 6 de febrero de 1799 se pusieron a la venta ochenta estampas en una tienda de perfumes y licores de la calle del Desengaño de Madrid. La número 3 se llama Que viene el Coco: aguafuerte y aguatinta bruñida, unos 219 por 154 milímetros. Una madre sentada con dos niños, uno levanta los brazos para huir y el otro se le agarra. Enfrente, de pie, una figura envuelta de la cabeza a los pies en una tela. No tiene cara. Lo único humano que se le ve es un zapato puntiagudo asomando por debajo del borde: Goya no dibujó un monstruo, dibujó a alguien disfrazado de monstruo.

El comentario manuscrito que conserva el Museo del Prado lo deja por escrito:

«Abuso funesto de la primera educación. Hacer que un niño tenga más miedo al coco que a su padre, y obligarle a temer lo que no existe.»

La serie fue un fracaso comercial. En 1803 Goya entregó a la Corona las ochenta planchas de cobre y 240 juegos sin vender a cambio de una pensión para su hijo Javier: en cuatro años se habían vendido veintisiete.

Por qué el coco se llama igual que un fruto

El personaje es mucho más viejo que el grabado. Antón de Montoro lo usa hacia 1445 en un verso donde se compara con «los niños de cuna que les dicen: ¡Cata el coco!». En el Lazarillo de Tormes (1554), el hermanastro de Lázaro ve entrar a Zaide, su padre negro, y grita señalándolo: «¡Madre, coco!». Covarrubias, en el Tesoro de la lengua castellana (1611), lo recoge como «figura que causa espanto» en lengua de niños y lo hace venir, con poca fortuna, de la voz hebrea cus; el nombre del fruto lo explica aparte y por otra vía. El Diccionario de Autoridades lo despacha en 1729 como «figura espantosa y fea, gesto semejante al de la mona, que se hace para espantar y contener a los niños».

Los tres agujeros son la clave, y aquí está el dato que casi nadie sabe: el coco de comer se llama coco por el coco de asustar, y no al revés. Cuando los portugueses llegaron a la India a finales del siglo XV se encontraron un fruto sin nombre europeo y le pusieron el del espantajo de sus casas. Lo cuenta João de Barros en las Décadas da Ásia (Década III, 1563): la cáscara tiene «una forma aguda que quiere asemejar la nariz, puesta entre dos ojos redondos», y por esa figura «los nuestros le llamaron coco, nombre impuesto por las mujeres a cualquier cosa con la que quieren dar miedo a los niños». No es la única versión antigua: Fernández de Oviedo, en 1535, decía que los tres hoyos formaban «como un gesto de un monillo que parece que coca», sin fantasma ninguno. Las dos historias corrieron siglos en paralelo y la filología moderna se ha quedado con la de Barros: M. Sandmann la defendió en la Revista de Filología Española en 1955, después de desmontar la del mono, y Corominas y Pascual reconstruyen el recorrido entero: objeto redondo, luego asustaniños, luego fruto del cocotero. La calabaza hueca de Halloween y el coco del supermercado son la misma cara: dos ojos y una boca abiertos en una corteza seca.

La nana hizo el resto. Francisco Rodríguez Marín recoge hacia 1880 la versión que casi cualquiera puede cantar de memoria: «Duérmete, niño chiquito, que viene el coco y se lleva a los niños que duermen poco».

El saco, el sebo y el crimen de Gádor

En España el Coco tiene un hermano más sucio y mucho más concreto: el hombre del saco. No es un fantasma, es un adulto con un oficio horrible. La figura se alimenta del sacamantecas, el que abre a la víctima para sacarle el sebo. El apodo se le colgó a Juan Díaz de Garayo (1821-1881), jornalero de las afueras de Vitoria que violó y mató a seis mujeres y niñas entre 1870 y 1879 y murió a garrote. Nunca se probó que extrajera grasa de nadie; el mote no se lo quitó nadie tampoco.

Lo que sí ocurrió tal cual fue el crimen de Gádor. El 28 de junio de 1910, Bernardo González Parra, siete años, vecino de Rioja (Almería), fue metido en un saco y llevado a un cortijo aislado del término de Gádor. Francisco Ortega, el Moruno, tenía tuberculosis y el barbero y curandero Francisco Leona le había vendido la cura por 3.000 reales: beber la sangre de un niño y aplicarse su grasa caliente en el pecho. Lo hicieron. Hubo garrote para el Moruno y para la curandera Agustina Rodríguez; Leona murió en la cárcel antes. El caso ocupó la prensa de toda España y dejó una amenaza colocada en el idioma para el siglo siguiente.

Carpenter lo dijo con todas las letras

John Carpenter no disimuló la genealogía. En La noche de Halloween (1978) el asesino figura en los créditos como The Shape, la Forma, y la película termina con Laurie diciendo «era el hombre del saco» y Loomis contestando «pues sí, lo era». La máscara costó 1,98 dólares: Tommy Lee Wallace compró en una tienda de disfraces de Hollywood Boulevard una careta del capitán Kirk, le ensanchó los agujeros de los ojos y la pintó de blanco. Una cara humana borrada hasta el blanco es lo mismo que Goya consiguió con una sábana.

Stephen King había firmado el suyo cinco años antes: The Boogeyman salió en la revista Cavalier en marzo de 1973 y se recogió en El umbral de la noche (1978). Es un padre contándole a un psiquiatra que la cosa del armario le mató a los tres hijos; Rob Savage lo llevó al cine en 2023 arrancando justo ahí, con Lester Billings entrando en la consulta de otro psiquiatra y dejándole la cosa dentro de casa. En Sinister (2012), de Scott Derrickson y C. Robert Cargill, los críos llaman al demonio Bughuul «Míster Boogie» y lo pintan con ceras: le ponen al coco nombre de amigo. Y The Babadook (2014), de Jennifer Kent, nace del cortometraje Monster (2005) y del serbocroata babaroga, que significa exactamente eso. Kent miró al cine mudo para la chistera y los dedos largos, rodó los efectos en cámara y metió al monstruo dentro de un libro pop-up ilustrado por Alexander Juhasz: el coco llega en un cuento que le lee a un niño su propia madre.

Lo que hay debajo de la arpillera

La versión española tiene su obra maestra en El orfanato (2007), de J. A. Bayona. Tomás lleva un saco de tela en la cabeza con dos agujeros a la altura de los ojos, y el giro está en que no es el monstruo: es el niño deforme al que escondían, hijo de Benigna. Bayona le pone el saco del hombre del saco a la víctima.

Fuera de España, la arpillera es lo que llevó Jason Voorhees antes que la máscara de hockey. En Viernes 13, 2ª parte (1981) va con un saco y un único agujero para el ojo; el modelo era el asesino sin rostro de The Town That Dreaded Sundown (1976), cuyo saco llevaba dos. Y Sam, el crío de Truco o trato (2007) de Michael Dougherty, junta las dos ramas de esta página en un diseño: pijama naranja, saco con botones por ojos y, debajo, lo que dibujó el diseñador Breehn Burns a partir de los bocetos de Dougherty, un cruce de calavera y calabaza.

D'où viennent les motifs

Plate 3 from "Los Caprichos": Here comes the bogey-man (Que viene el Coco)
Plate 3 from "Los Caprichos": Here comes the bogey-man (Que viene el Coco) · Goya (Francisco de Goya y Lucientes) · 1799 fiche
A deputy's nightmare: –Oh my friend, what has happened? –I dreamed I was invalidated, from 'News of the day,' published in Le Charivari, December 7, 1869
A deputy's nightmare: –Oh my friend, what has happened? –I dreamed I was invalidated, from 'News of the day,' published in Le Charivari, December 7, 1869 · Honoré Daumier · December 7, 1869 fiche
A deputy's nightmare: – Oh my friend, what has happened? – I dreamed I was invalidated, from "News of the day"
A deputy's nightmare: – Oh my friend, what has happened? – I dreamed I was invalidated, from "News of the day" · Honoré Daumier · December 7, 1869 fiche
Funereal Folly, from "The Disparates" (Follies / Irrationalities)
Funereal Folly, from "The Disparates" (Follies / Irrationalities) · Goya (Francisco de Goya y Lucientes) · ca. 1815–19 (published 1864) fiche
When Day Breaks We Will Be Off, Plate 71
When Day Breaks We Will Be Off, Plate 71 · Francisco de Goya (Spanish, 1746–1828) · 1799 fiche
They Spin Finely, Plate 44
They Spin Finely, Plate 44 · Francisco de Goya (Spanish, 1746–1828) · 1799 fiche
They Have Flown, Plate 61
They Have Flown, Plate 61 · Francisco de Goya (Spanish, 1746–1828) · 1799 fiche
A Bad Night, Plate 36
A Bad Night, Plate 36 · Francisco de Goya (Spanish, 1746–1828) · 1799 fiche
Blow, Plate 69
Blow, Plate 69 · Francisco de Goya (Spanish, 1746–1828) · 1799 fiche
Out Hunting for Teeth, Plate 12
Out Hunting for Teeth, Plate 12 · Francisco de Goya (Spanish, 1746–1828) · 1799 (printed c. 1855) fiche
Füssli - The Nightmare, 1781, 1885,0314.198
Füssli - The Nightmare, 1781, 1885,0314.198 · Henry Fuseli · 1781 date QS:P571,+1781-00-00T00:00:00Z/9 fiche
Henry Fuseli (1741–1825), The Nightmare, 1781
Henry Fuseli (1741–1825), The Nightmare, 1781 · Tulip Hysteria / Go to albums · 2005-09-22 11:55:47 fiche
Henry fuseli, l'incubo, 1781
Henry fuseli, l'incubo, 1781 · Sailko · 2016-11-05 20:13:51 fiche
The Nightmare
The Nightmare · Henry Fuseli · 1781 date QS:P571,+1781-00-00T00:00:00Z/9 fiche
Caprichos de Goya
Caprichos de Goya · Goya, Francisco, 1746-1828 fiche
Caprichos de Goya
Caprichos de Goya · Goya, Francisco, 1746-1828 fiche
Caprichos de Goya
Caprichos de Goya · Goya, Francisco, 1746-1828 fiche
Caprichos de Goya
Caprichos de Goya · Goya, Francisco, 1746-1828 fiche
The sleep of reason produces monsters (No. 43), from Los Caprichos title QS:P1476,en:"The sleep of reason produces monsters (No. 43), from Los Caprichos" label QS:Len,"The sleep of
The sleep of reason produces monsters (No. 43), from Los Caprichos title QS:P1476,en:"The sleep of reason produces monsters (No. 43), from Los Caprichos" label QS:Len,"The sleep of · Francisco Goya · 1799 date QS:P571,+1799-00-00T00:00:00Z/9 fiche
Spanish: Capricho № 43: El sueño de la razón produce monstruos The Sleep of Reason Produces Monsters title QS:P1476,es:"Capricho № 43: El sueño de la razón produce monstruos" label
Spanish: Capricho № 43: El sueño de la razón produce monstruos The Sleep of Reason Produces Monsters title QS:P1476,es:"Capricho № 43: El sueño de la razón produce monstruos" label · Francisco Goya · circa 1797-1798 fiche
Los Caprichos (Épreuve d'essai avec lettre corrigée) / Fran.co Goya y Lucientes, Pintor
Los Caprichos (Épreuve d'essai avec lettre corrigée) / Fran.co Goya y Lucientes, Pintor · Goya, Francisco de (1746-1828). Illustrateur · 1790s date QS:P571,+1790-00-00T00:00:00Z/8 fiche

À lire

Œuvres tirées de cette source

Pourquoi c'est utilisable

Hay dos capas y las dos están libres. La primera es el folclore: el Coco y el hombre del saco no tienen autor. Sus testimonios escritos más antiguos —Antón de Montoro hacia 1445, el «¡Madre, coco!» del Lazarillo de Tormes (1554), la definición de Covarrubias en 1611— llevan siglos sin titular al que pedir permiso. La segunda es Goya. En España, la Ley de Propiedad Intelectual mantiene el plazo largo de 80 años tras la muerte del autor para quienes fallecieron antes del 7 de diciembre de 1987, y aplica los 70 años solo a los posteriores; el cómputo arranca el 1 de enero del año siguiente a la muerte (artículo 30 del TRLPI). Francisco de Goya murió el 16 de abril de 1828, así que le corresponden los 80 contados desde el 1 de enero de 1829: su obra es de dominio público desde el 1 de enero de 1909, y «Los Caprichos» se estamparon y vendieron en 1799. Las ochenta planchas de cobre están desde 1803 en la Calcografía Nacional y hay ejemplares digitalizados en el Museo del Prado, la BnF y el Metropolitan. Aun así, el diseño de esta colección es original: toma el motivo del embozado y el zapato bajo la túnica, no reproduce la estampa.

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