Chicago, 1 de septiembre de 1900
La George M. Hill Company puso a la venta El maravilloso mago de Oz el 1 de septiembre de 1900, con una tirada de 10.000 ejemplares. En octubre estaba agotada y la segunda, de 15.000, casi liquidada. Baum venía de firmar el libro infantil más vendido de 1899, Father Goose: His Book, con el mismo ilustrador: William Wallace Denslow.
Denslow no era un asalariado. Compartía el copyright con Baum y aportó 24 láminas en color, portadillas de capítulo, cabeceras, remates y viñetas repartidas por los márgenes. Le tocó además inventar: Baum describía poco, así que la cara del Espantapájaros, el corte del vestido de Dorothy y la silueta del Leñador salieron del lápiz, no del texto.
El dinero los rompió. Cuando el musical de Broadway de 1902 empezó a recaudar, Denslow exigió la misma parte que Baum y que el compositor Paul Tietjens, y no volvieron a trabajar juntos. Con esos derechos, que cobró ocho años, Denslow compró una isla en las Bermudas y se proclamó en la prensa rey Denslow I, monarca de la isla Denslow y protector de los arrecifes de coral. Murió de neumonía en Nueva York el 29 de marzo de 1915, sin dinero.
Plata, hojalata y porcelana
Los zapatos de Dorothy son de plata. El camino sí es de ladrillo amarillo, pero el calzado que la devuelve a Kansas no tiene nada de rubí: eso llega treinta y nueve años después.
El Leñador de Hojalata tampoco es un robot simpático, es un mutilado. Una vieja que no quería perder a su criada le encargó a la Bruja del Este que impidiera la boda, y la bruja encantó el hacha del leñador. El hacha le cortó una pierna, luego la otra, luego los brazos uno a uno, luego la cabeza, y por último lo partió en dos por la mitad. Un hojalatero se lo fue reponiendo pieza a pieza hasta que no le quedó carne, y con la carne se le fue el corazón.
El resto del bestiario es igual de concreto:
- Kalidahs: cuerpo de oso, cabeza de tigre, garras capaces de partir en dos a un león.
- Hammer-Heads: hombres bajos y gordos, sin brazos, con la cabeza plana y el cuello lleno de arrugas, que disparan el cráneo como un martillo y lo recogen al instante.
- La Bruja del Oeste: un solo ojo, que ve tan lejos como un catalejo.
- El Gorro de Oro: obliga a los Monos Alados a obedecer tres veces y ni una más.
Y en el capítulo XX hay un muro blanco y, detrás, un país entero de porcelana pintada: casas, vallas, vacas, ovejas, cerdos y personas del tamaño de una mano. En cuanto se asustan, una vaca de porcelana se parte una pata y la lechera acaba con el codo izquierdo desportillado; y el León Cobarde, al saltar el muro de salida, hace añicos una iglesia con el rabo.
La Ciudad Esmeralda no era verde
Antes de entrar, el Guardián de las Puertas obliga a todo el mundo a ponerse gafas de cristal verde. Van sujetas con dos bandas de oro que se cierran por detrás de la cabeza con una llave que solo tiene él. La excusa: sin ellas, el brillo y la gloria de la ciudad los cegarían.
Es mentira, y el propio Mago lo confiesa cuando lo desenmascaran. Como el país era verde y bonito, decidió llamarla Ciudad Esmeralda, y para que el nombre pegara mejor le puso gafas verdes a toda la población, de modo que cuanto veían era verde. Dorothy pregunta si no es verde todo aquello.
«No más que en cualquier otra ciudad», responde Oz. «Pero cuando llevas gafas verdes, claro, todo lo que ves te parece verde.»
El emblema del cuento, por tanto, es un fraude óptico cerrado con llave. Unas gafas con dos bandas doradas resumen el libro mejor que ningún castillo.
Baum montó un estudio de cine y se arruinó dos veces
El 24 de septiembre de 1908, en Grand Rapids (Michigan), Baum estrenó The Fairylogue and Radio-Plays: él en escena de narrador, actores en vivo, diapositivas de linterna mágica coloreadas a mano y película rodada por la Selig Polyscope y teñida en París por Duval Frères. Llenaba las salas y aun así perdía dinero, porque montarlo costaba más de lo que daba la taquilla. Cerró el 16 de diciembre y lo arruinó.
De esa deuda salió la primera versión filmada que se conserva: la Selig rodó en 1910 The Wonderful Wizard of Oz, un solo rollo de trece minutos dirigido por Otis Turner, con Bebe Daniels de nueve años haciendo de Dorothy. Baum no intervino; era el estudio cobrándose lo suyo.
Volvió a intentarlo en 1914 con la Oz Film Manufacturing Company y estudio propio en Santa Monica Boulevard, entre Gower y Lodi. El primer largo fue The Patchwork Girl of Oz, cinco rollos dirigidos por J. Farrell MacDonald sobre guion y producción de Baum, distribuido por Paramount. En el reparto, dos nombres que entonces no eran nadie: Hal Roach hacía de León y Harold Lloyd, sin acreditar, de Tottenhot. Los exhibidores preferían westerns, Paramount se retiró y el estudio cerró en 1915.
En 1925 le tocó el turno a Larry Semon: Chadwick Pictures estrenó su versión el 13 de abril, con Oliver Hardy de Leñador de Hojalata y Dorothy Dwan como una Dorothy de dieciocho años. Ahí el Espantapájaros, el Leñador y el León ni siquiera son personajes: son disfraces que se ponen tres mozos de granja. Chadwick quebró durante el estreno, Semon se declaró en bancarrota en marzo de 1928 y murió en octubre, con 39 años.
1939 es una frontera, no un origen
En mayo de 1938, el guionista Noel Langley cambió los zapatos de plata por unos de rubí. La razón era técnica: la plata no destacaba contra el amarillo del camino en Technicolor. Los diseñó Gilbert Adrian, y las cuentas de cristal pesaban tanto que acabaron siendo unas 2.300 lentejuelas por zapato.
Ese detalle marca la línea legal de todo el Oz moderno. El libro es de todos; la película de la MGM no. En 2011, el Tribunal de Apelaciones del Octavo Circuito resolvió en Warner Bros. Entertainment v. X One X Productions que los carteles y las fotos de promoción de 1939, publicados sin aviso de copyright, sí están en dominio público, pero que combinar esos elementos hasta evocar al personaje tal como aparece en la película infringe el copyright del film.
De ahí salen decisiones que se ven en pantalla. En Oz, un mundo de fantasía (Sam Raimi, 2013) no hay zapatos rojos y la bruja no lleva exactamente el verde de Margaret Hamilton, porque Disney podía beber de Baum pero no de la MGM, cuyos derechos compró Warner a mediados de los noventa. Y en Wicked (2024) los zapatos vuelven a ser de plata. Esta colección se mueve por esa misma frontera, y siempre por el lado libre.











