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El mago de Oz

cine clasico

Oz estaba hecho de aluminio, cobre y una piel de león de verdad

19.08.2026 · El mago de Oz (1939) ·King Vidor

El rodaje de 1939 no se cuenta bien con anécdotas sueltas: se cuenta con una lista de la compra. Aquí está esa lista, sustancia por sustancia, con lo que le hizo a quien la llevó puesta.

Un decorado no es una imagen. Antes de ser una imagen es un almacén: sacos, botes, rollos, pieles y polvos que alguien encargó por escrito a un proveedor y que alguien tuvo que ponerse encima durante catorce horas. El Oz que se levantó en los platós de la Metro en Culver City entre octubre de 1938 y marzo de 1939 fue exactamente eso, un inventario, y buena parte de él está hoy prohibido, regulado o encerrado en una vitrina con la iluminación calculada al nanómetro. Vale la pena repasarlo material por material, porque la historia del rodaje entendida como cadena de desgracias personales es aburrida; entendida como lista de sustancias, no.

Aluminio en polvo

Buddy Ebsen fue el primer Hombre de Hojalata. Su maquillaje era blanco de payaso y encima, aplicado con brocha, polvo de aluminio puro. Empezó a rodar el 12 de octubre de 1938 y a los nueve o diez días, una noche, después de cenar, dejó de poder respirar. «Mi respiración era terriblemente trabajosa, no parecía llegar oxígeno a mis pulmones. Me pregunté si me estaba muriendo», contó él mismo. Pasó dos semanas en el hospital Good Samaritan bajo una tienda de oxígeno —hay relatos que hablan directamente de pulmón de acero— y un mes más recuperándose en San Diego. La Metro no le esperó: contrató a Jack Haley y rehízo la fórmula. En vez de polvo, pasta: el aluminio se mezclaba con el blanco de payaso y se pintaba, para que no hubiera nada suspendido en el aire. Resolvió los pulmones y creó otro problema. La pasta le provocó a Haley una infección ocular que le apartó del rodaje varios días. Ebsen sigue en la película, por cierto: su voz quedó en las grabaciones previas de los números musicales. Murió en 2003, a los 95 años.

Cobre

El verde de la Bruja del Oeste no era un color, era un metal. Los pigmentos verdes de la época se fabricaban con compuestos de cobre, y el maquillador Jack Young se lo resumió así a la periodista Aljean Harmetz, autora de The Making of The Wizard of Oz (1977): «El verde es tóxico porque está hecho con cobre». De ahí la norma más citada del rodaje: Margaret Hamilton no podía comer mientras estuviera pintada. Solo líquidos, y con cuidado. El 23 de diciembre de 1938, rodando la salida de Munchkinland entre llamas, la pirotecnia subió antes de que el montacargas la hubiera bajado bajo el escenario. Se quemó la cara y la mano derecha —las fuentes discrepan entre primer y segundo grado o entre segundo y tercero—, y el maquillaje de cobre había que retirárselo de la carne viva con acetona. «Nunca he tenido nada que me cortara la respiración como aquel dolor», dijo. Estuvo seis semanas fuera. El tinte verdoso tardó meses en irse de su piel.

Amianto (o yeso)

La nieve que cae sobre el campo de amapolas es el material más famoso de la película y el peor documentado. La versión repetida es que se trataba de crisotilo, amianto blanco, que en los años treinta se vendía en cajas como nieve artificial de Navidad bajo marcas como Pure White o Snow Drift, y que se usó porque no arde. Una nota de los CDC de 2010 sobre seguridad laboral en el cine lo daba por hecho. Pero el historiador de Oz William Stillman habló con Charles Schram, maquillador de la Metro presente en el rodaje, y Schram recordaba con precisión otra cosa: los copos eran yeso triturado, el mineral del que se hace la escayola, y él tenía que sacarlo de las pelucas al terminar. No hay documentación de producción que zanje la discusión. Lo honesto es decir que el amianto se usó de forma masiva en el Hollywood de la época —donde hacía falta que algo no ardiera, ahí estaba— y que en la escena de las amapolas, donde no había llama ninguna, no había motivo técnico para pagarlo.

Piel de león

El traje del León Cobarde, diseñado por Adrian, está hecho con piel y pelo de león auténticos. Pesaba entre 27 y 40 kilos según la fuente, y encima Bert Lahr llevaba prótesis faciales que le impedían masticar: se alimentaba con pajita. Cada noche el traje iba a un secadero industrial para que se evaporara el sudor antes del día siguiente. No fue posible encontrar pieles que casaran entre sí, así que Lahr usó prácticamente un solo traje durante todo el rodaje mientras los especialistas usaban otro. Ese traje se subastó en Bonhams el 24 de noviembre de 2014 por 3.077.000 dólares.

Caucho

La cara del Espantapájaros no es arpillera, es goma imitando arpillera. Se la pegaban a Ray Bolger cada mañana y se gastaron más de cuarenta máscaras durante el rodaje. Durante más de un año después de terminar, Bolger siguió teniendo en la cara el dibujo de líneas del maquillaje. El mismo departamento de Jack Dawn fabricó en caucho los hocicos de los monos alados, y a Judy Garland, que tenía dieciséis años, le colocaban discos en la nariz para cambiarle el perfil, además de fundas en los dientes, corsé y peluca. La producción le administraba anfetaminas de día y somníferos de noche para sostener las jornadas.

Muselina, tela metálica y tierra de batán

El tornado es el objeto mejor resuelto de la película y el más barato de concepto. Arnold Gillespie probó primero con un cono de caucho de 10,5 metros y salió rígido, muerto. Se acordó entonces de las mangas de viento de los aeródromos y cosió una calceta de muselina de la misma altura, con la boca superior montada sobre tela metálica de gallinero para que mantuviera la forma. Arriba iba colgada de un pórtico de acero construido a medida por Bethlehem Steel que costó más de 12.000 dólares de 1938; abajo, la base iba enganchada a un carro sobre raíles que dos tramoyistas movían desde debajo del suelo del plató. El polvo que envuelve todo aquello es tierra de batán, la arcilla absorbente que la industria usaba —y sigue usando— como polvo de escena.

Gelatina

Aquí es donde el inventario se vuelve interesante, porque la misma sustancia aparece en tres sitios que nadie suele poner juntos. Uno: el caballo que cambia de color. La ASPCA prohibió teñirlo o pintarlo; se probó con colorante alimentario y con caramelo líquido, sin color suficiente; al final se untó a cuatro caballos con pasta de gelatina en polvo sabor limón, cereza y uva, y hubo que impedirles entre toma y toma que se lamieran el maquillaje. Dos: los zapatos rojos. El análisis publicado en 2018 por el Smithsonian identificó en ellos al menos veinte materiales, y cada una de las aproximadamente 2.400 lentejuelas de cada zapato tiene un núcleo de gelatina, un baño de plata y una capa exterior teñida. Tres: la propia copia que veía el público. El Technicolor de tres tiras imprimía por imbibición, es decir, endurecía con luz una capa de gelatina hasta formar un relieve, empapaba ese relieve en cianuro de color —cian, magenta y amarillo, uno por matriz— y lo prensaba contra la película virgen. El color de Oz no se fotografió: se transfirió desde gelatina mojada.

Nitrocelulosa

El tinte de las lentejuelas es rodamina B sobre una capa de nitrato de celulosa, que es exactamente la misma familia química que el soporte sobre el que se rodó la película en 1939. Dicho de otro modo: los zapatos y el negativo estaban hechos del mismo plástico inflamable e inestable. Los dos se degradan por su cuenta. La rodamina B se decolora con la luz, el nitrato se agrieta y libera gases ácidos, y por eso la restauración de 2018 exigió doscientas horas de trabajo al microscopio y una vitrina cuya mezcla de led se eligió tras construir una biblioteca espectrofotométrica: la iluminación mínima que deja verlos rojos sin acelerar su desaparición.

Alambre de piano

Los monos alados eran una docena larga de intérpretes de talla pequeña —algunos venidos de Munchkinland, otros jockeys profesionales—, con traje de fieltro, chaqueta art déco de Adrian y una batería escondida en el disfraz que accionaba el aleteo. Volaban colgados de alambre de piano, prácticamente invisible en cámara. En enero de 1939, durante la entrada y la salida del bosque encantado, varios alambres se partieron y sus ocupantes cayeron al suelo del plató. Hubo heridas leves y ningún parte grave, lo cual, vista la altura, fue suerte.

Carbón encendido

El Technicolor de tres tiras dividía la luz entre tres negativos y se comía la sensibilidad, así que había que compensarlo quemando carbón: la Metro colocó unas 150 lámparas de arco de 36 pulgadas sobre los decorados. La temperatura en el plató pasaba con frecuencia de los 38 °C y desmayarse era normal. En Munchkinland patrullaba un inspector de incendios buscando puntos calientes, con autoridad para mandar bajar focos concretos. La lista de bajas del rodaje incluye también a Terry, la cairn terrier que hacía de Toto: cobraba 125 dólares a la semana, un guardia Winkie le pisó una pata y se la rompió, y pasó dos semanas recuperándose en casa de Judy Garland.

El almacén, resumido

MaterialDóndeConsecuencia
Aluminio en polvoHombre de HojalataEbsen, dos semanas con oxígeno; reformulado en pasta
Compuestos de cobrePiel de la BrujaDieta líquida; retirada con acetona tras las quemaduras
Amianto o yesoNieve del campo de amapolasSin documentación que lo resuelva
Piel de leónTraje de LahrHasta 40 kg; secadero industrial cada noche
CauchoCara del EspantapájarosMarcas en el rostro de Bolger más de un año
Muselina y tela metálicaTornadoPórtico de acero de más de 12.000 dólares
GelatinaCaballo, lentejuelas, copiasSostiene el color de toda la película
Nitrato de celulosaZapatos y negativoDegradación continua; vitrina de led calculada
Alambre de pianoMonos aladosRoturas y caídas en enero de 1939
CarbónLámparas de arcoMás de 38 °C en plató; inspector de incendios fijo

Hay una lectura fácil de todo esto, la del rodaje maldito, y no es la buena. Lo que enseña el inventario es más incómodo: ninguna de estas decisiones fue negligente según los criterios de 1938. El aluminio era la única forma conocida de hacer brillar a un hombre de metal, el cobre era el verde disponible, el amianto era lo que no ardía y la gelatina era el soporte técnico del color. Oz no se construyó a pesar de sus materiales. Se construyó con lo único que había, y lo único que había era esto.

La fuente, en un museo

The Wonderful Wizard of Oz - W.W. Denslow cover
The Wonderful Wizard of Oz - W.W. Denslow cover · The Wonderful Wizard of Oz / By L. Frank Baum; With Pictures by W.W. Denslow. Published: Chicago ; New York : G.M. Hill Co., 1900. · 1899
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The Wonderful Wizard of Oz - W.W. Denslow cover (back)
The Wonderful Wizard of Oz - W.W. Denslow cover (back) · The Wonderful Wizard of Oz / By L. Frank Baum; With Pictures by W.W. Denslow. Published: Chicago ; New York : G.M. Hill Co., 1900. · 1899
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The Wonderful Wizard of Oz Book - p211
The Wonderful Wizard of Oz Book - p211 · Author Lyman Frank Baum Illustrator William Wallace Denslow · 1900
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