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El Exorcista

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El demonio de El Exorcista protegía a los recién nacidos

15.08.2026 · El Exorcista ·William Friedkin

La figura que Merrin desentierra en el prólogo se colgaba del cuello de las embarazadas asirias para proteger a sus hijos. Esa inversión es la primera de una serie de sustituciones, accidentes y descartes que explican la película mucho mejor que la sopa de guisantes.

De El Exorcista se cuenta siempre lo mismo: la cabeza que gira, el vómito, las escaleras de Georgetown. Es la parte fácil. Lo interesante es que casi todas las decisiones que hoy consideramos definitorias fueron sustituciones, errores o descartes, y que la película se guarda para sí el dato que mejor la explica. Puestas en orden, cuentan otra historia.

El nombre del demonio no se pronuncia ni una sola vez

En los 122 minutos de la versión de 1973 nadie dice «Pazuzu». La cosa que habla por la boca de Regan se presenta como Capitán Howdy y poco más; la única pista es visual, esa estatua alada que Merrin encuentra en la excavación del prólogo, rodada en Hatra y Mosul. El nombre llega en 1977, en Exorcist II: The Heretic, y desde entonces se ha leído hacia atrás como si estuviera en la primera.

Importa porque el Pazuzu de las fuentes asirias y babilónicas no hace lo que hace la película. Era el rey de los demonios del viento, hijo de Hanbi, un ser desagradable, sí, pero de uso apotropaico: se le invocaba contra Lamashtu, la que atacaba a las embarazadas y se llevaba a los recién nacidos. Se fabricaban cabecitas de bronce con una anilla de suspensión y las mujeres embarazadas las llevaban colgadas, con la anilla orientada de modo que la mirada del demonio apuntase hacia fuera, hacia la amenaza. En el Louvre está la placa AO 22205, catalogada precisamente como conjuro contra la demonia.

Es decir: el icono de la película es un amuleto contra el daño a los niños, reutilizado como el ente que daña a una niña. El estudioso Joseph Laycock sospecha que Blatty ni siquiera fue al material original, sino a una ilustración de The History of the Devil de Paul Carus (1900). La imagen viajó; la función se perdió por el camino.

El chico real de 1949 acabó trabajando en la NASA

Blatty leyó la noticia en The Washington Post siendo estudiante de Georgetown, en 1949. El caso arrancó el 15 de enero de ese año con ruidos en una casa de Cottage City, Maryland —no en Mount Rainier, como se repitió durante décadas hasta que Mark Opsasnick rehízo la geografía a partir de los anuarios escolares— y terminó el 18 de abril en San Luis, con el jesuita William Bowdern oficiando. El documento primario no es un informe eclesiástico: son 29 páginas manuscritas del diario de otro jesuita, Raymond Bishop, que asistía.

Blatty cambió el sexo del chico para proteger su identidad, y funcionó durante 72 años. En 2021 el Skeptical Inquirer lo identificó como Ronald Edwin Hunkeler, que había muerto en 2020 a los 85. Había pasado casi cuarenta años como ingeniero en el Goddard Space Flight Center de la NASA, trabajó en el programa Apolo y vivió con el miedo constante a que sus compañeros de laboratorio ataran cabos.

La novela la pagó, literalmente, Groucho Marx

Antes de 1971, Blatty era guionista de comedia. En 1961 se presentó al concurso de Groucho Marx You Bet Your Life haciéndose pasar por un príncipe árabe con tantas esposas que no recordaba el número; Groucho picó. Ganó 10.000 dólares, dejó su empleo y no volvió a tener uno fijo. El hombre que financió con una broma de concurso la novela de terror más solemne del siglo insistía en que no había escrito terror:

«Quería que fuera una obra apostólica, que ayudara a la gente en su fe.»

Friedkin, que no era creyente, le cortó unos doce minutos sin consultarle y prefirió dejar la teología en el aire. Blatty acabó demandándole a él y a Warner por haberle apartado de la posproducción. Las dos películas —la de fe y la de ambigüedad— conviven en el mismo negativo.

La escena más difícil de ver no la protagoniza ningún demonio

Friedkin visitó en 1972 el hospital universitario de Nueva York para documentarse y decidió rodar allí la angiografía cerebral de Regan con el personal real. El técnico que lleva la voz cantante, el que tranquiliza a la niña y prepara el material, se llamaba Paul Bateson. En 1979 fue condenado por el asesinato del periodista Addison Verrill; de las conversaciones de Friedkin con él salió, años después, Cruising. Buena parte del público sigue citando ese minuto de sangre y aguja como lo peor de la película, sin saber nada de esto.

Lo demás del rodaje va en la misma dirección: obtener reacciones auténticas a cualquier precio. Friedkin disparó un rifle detrás de Jason Miller para sobresaltarlo y abofeteó al padre William O'Malley, jesuita de verdad y no actor, justo antes de rodar la extremaunción. El plató del dormitorio se refrigeró a unos −29 °C para que se viera el aliento, a un coste de 50.000 dólares. A Ellen Burstyn, atada a un arnés, la lanzaron con más fuerza de la acordada: se fracturó el coxis, gritó de dolor de verdad y Friedkin, en lugar de cortar, pidió a su operador que cerrara el plano. Ese grito está en la película. Linda Blair se lesionó la columna con la cama basculante. Cuando el equipo, asustado, pidió al asesor jesuita Thomas Bermingham que exorcizase el plató, él se negó: un exorcismo solo aumentaría la ansiedad. Ofreció una bendición y una charla.

El sonido que la identifica entró por descarte

Lalo Schifrin entregó una partitura con unos ochenta músicos e instrumentos electrificados cuando lo que Friedkin había pedido era algo de cámara, casi una nana. El director tiró la cinta por la ventana del estudio. Rebuscando en la fonoteca de Warner dio con un disco sin etiquetar de un sello inglés nuevo: Tubular Bells, de Mike Oldfield, la primera referencia de Virgin Records. El tema más reconocible del cine de terror es un hallazgo de archivo.

La imagen es bastante más vieja que la película

El material del que sale todo esto está en dominio público desde hace un siglo: los conjuros que R. Campbell Thompson tradujo del cuneiforme en The devils and evil spirits of Babylonia (1903), los grabados de las excavaciones asirias del XIX, las placas de conjuro contra Lamashtu. De ahí, y no del cartel de 1973, vienen las camisetas que hacemos en RELIC con esa iconografía: la cabeza con anilla que miraba hacia fuera para que no entrara nada.

La source, dans un musée

Four Gospels in Armenian
Four Gospels in Armenian · 1434/35
The Metropolitan Museum of Art · domaine public · fiche
The Deity Vajrabhairava, Tantric Form of the Bodhisattva Manjushri
The Deity Vajrabhairava, Tantric Form of the Bodhisattva Manjushri · early 15th century
The Metropolitan Museum of Art · domaine public · fiche
Jaharis Byzantine Lectionary
Jaharis Byzantine Lectionary · ca. 1100
The Metropolitan Museum of Art · domaine public · fiche