Ordenar los términos por orden alfabético tiene una ventaja sobre volver a contar la batalla: obliga a mirar cada pieza por separado, y es ahí donde se ve qué puso Heródoto y qué puso Frank Miller. Se entra por cualquier letra y se sale cuando uno quiera.
A
- Anopea
- El sendero de la montaña, llamado igual que el monte (Heródoto 7,216). No era ningún secreto: lo habían descubierto los malieos y ya lo habían usado una vez para llevar a los tesalios por encima de los focidios cuando estos amurallaron el paso, «hacía tanto tiempo que el paso había quedado demostrado inútil». Leónidas lo sabía y apostó allí a mil focidios (7,217), que oyeron subir a los persas de noche por el crujido de las hojas de roble (7,218). La película lo convierte en un atajo de cabras que solo conoce un traidor, y de paso hace desaparecer a mil hombres.
- Apótetas
- El barranco del Taigeto donde, según Plutarco (Vida de Licurgo, 16), se exponía a los recién nacidos débiles. Plutarco es la única fuente y escribe unos cinco siglos después de los hechos. Las excavaciones en la sima de Trípi, identificada con el Céadas, arrojaron un mínimo de 46 individuos: en su mayoría varones de 18 a 35 años, dos o tres adolescentes, ni un solo neonato. El plano inicial de la película —la ladera sembrada de cráneos de bebé— ilustra una frase, no un yacimiento.
- Aristodemo
- Uno de los trescientos. Enfermo de los ojos, Leónidas lo licenció junto a Euristo (7,229). Euristo mandó a su hilota que lo llevara a ciegas al combate y murió allí; Aristodemo volvió a casa. En Esparta nadie le dio fuego ni le dirigió la palabra, y lo llamaron «el tembloroso» (7,231). Al año siguiente, en Platea, peleó mejor que ningún griego, y por eso mismo le negaron el premio: los espartanos dictaminaron que había roto la formación buscando morir (9,71). La película no tiene sitio para un valor así de sospechoso.
C
- Carneas
- La fiesta doria de Apolo que retuvo al grueso del ejército espartano (7,206). No es una excusa de guionista: diez años antes, en Maratón, los espartanos también llegaron tarde por escrúpulo religioso (6,106). Y coincidía con la Olimpiada. Cuando unos desertores arcadios le cuentan a Jerjes que los griegos están compitiendo, un persa pregunta por el premio y le responden que una corona de olivo (8,26). Los éforos leprosos de la película sustituyen, en el fondo, a un calendario litúrgico.
D
- Diéneces
- El espartano al que un hombre de Traquis avisó de que las flechas medas tapaban el sol, y que contestó que mejor, que así lucharían a la sombra (7,226). Heródoto lo da como el más valiente de todos y añade detrás a los hermanos Alfeo y Marón, hijos de Orsifanto. En la película la réplica se la queda Stelios, un secundario joven, y se dice a gritos. El chiste original no es fanfarronería: es laconismo de manual, promete menos de lo que da.
E
- Éforo
- Cinco magistrados elegidos cada año, que intercambiaban juramentos mensuales con los reyes y podían multarlos y procesarlos; Aristóteles (Política, II,9) consideraba el cargo un poder desmedido, comparable al de un tirano. Heródoto los enseña trabajando en 9,8: dan largas diez días seguidos a los embajadores atenienses mientras se termina el muro del Istmo. Son políticos que ganan tiempo. La película los convierte en sacerdotes deformes que cobran en oro persa y drogan a una adivina.
- Efialtes
- Heródoto es inusualmente tajante con él: Efialtes hijo de Euridemo, malieo (7,213), y descarta por su nombre las versiones rivales de Onetes de Caristo y Coridalo de Anticira (7,214). Los pilágoros pusieron precio a su cabeza en la asamblea anfictiónica de Pilas; acabó muerto en Anticira a manos de Aténades de Traquis por un asunto distinto, y aun así los lacedemonios lo premiaron por ello. Ni era espartano, ni era jorobado, ni traicionó por despecho: fue por dinero.
F
- Falange
- En 7,211 los espartanos fingen huir para que los persas rompan filas y se revuelven contra ellos, y Heródoto precisa que los griegos combatían «por compañías y por naciones», relevándose por turnos. Dos detalles que desmienten a la vez el empujón compacto de los manuales y la coreografía de la película, donde los mismos trescientos aguantan tres días sin relevo y cada uno pelea por su cuenta en cuanto la cámara se acerca.
G
- Gorgo
- Hija de Cleómenes y mujer de Leónidas. Heródoto le da dos escenas y las dos son de inteligencia: con ocho o nueve años avisa a su padre de que el jonio Aristágoras lo está comprando (5,51), y es ella quien resuelve la tablilla encerada con la que Demarato mandó aviso desde Susa (7,239). La frase de «solo nosotras parimos hombres» es de Plutarco (Moralia, 240E). La trama del consejo, Terón y el asesinato es invención íntegra de la película.
H
- Hilotas
- En 8,25 los marineros persas cruzan a ver el campo de batalla, cuentan cuatro mil cadáveres griegos amontonados y los toman por lacedemonios y tespieos, «aunque también estaban allí los hilotas». La suma de peloponesios de 7,202 da 3.100; el epitafio grabado dice cuatro mil. La diferencia son ellos. En Platea, cada espartiata llevó siete: 5.000 y 35.000 (9,28-29). El epílogo de la película alinea diez mil espartanos y treinta mil «griegos libres».
- Hoplita
- 7,202 dice «trescientos hoplitas», y hoplita nombra el equipo antes que al hombre: escudo de madera forrado de bronce de casi un metro, casco, grebas y coraza, un conjunto que se calcula en torno a los veinte kilos. Los pectorales al aire son de Miller, y son coherentes con su dibujo; no con el sustantivo.
I
- Inmortales
- 7,83: diez mil, al mando de Hidarnes, llamados así porque el hueco de cada baja se cubría al instante y nunca eran ni más ni menos. Circula la hipótesis de que el griego athánatoi traduce mal un persa anušiya, «compañeros»; Rüdiger Schmitt la discute y el asunto sigue abierto. Lo que no admite discusión es cómo los describe Heródoto: cargados de oro, con carruajes, criados y concubinas detrás. Exhibición de corte, no demonios enmascarados.
- Istmo
- La alternativa peloponesia: amurallar el Istmo de Corinto y abandonar el resto de Grecia. Está en 7,206, en 8,71 —con Cleómbroto, hermano de Leónidas, dirigiendo las obras— y en 9,8-9. Todo el sentido político de las Termópilas depende de esa opción: Leónidas se queda para que no se tome. La película no la menciona ni una vez, y sin ella su rey muere por una idea abstracta en lugar de por una discusión de estrategia que estaba perdiendo.
L
- Lambda
- La única prueba antigua de que los escudos espartanos llevaran una lambda es un fragmento del cómico ateniense Eupolis (fr. 394), conservado por el patriarca Focio en su léxico, ya en el siglo IX. Eupolis murió hacia el 411 a. C. El emblema se documenta, por tanto, unos setenta años después de las Termópilas. Los escudos de la película van setenta años adelantados, y son lo primero que todo el mundo reconoce.
M
- Megistias
- El adivino acarnanio que leyó en las víctimas lo que venía, se negó a marcharse cuando Leónidas se lo ordenó y mandó a casa a su único hijo (7,221). Los anfictiones costearon los epitafios del campo; el suyo lo pagó Simónides de su bolsillo, por hospitalidad (7,228). Es el único nombre de la batalla ligado a la poesía, y la película lo cambia por un oráculo drogado en una cueva.
- «Molon labe»
- «Ven a cogerlas». No está en Heródoto, que sí cuenta la exigencia persa de entregar las armas pero no la respuesta. Aparece en Plutarco (Moralia, 225C), cuatro siglos y medio más tarde, dentro de una antología de dichos lacónicos. La película la traduce y funciona; sigue siendo una frase de florilegio, no una crónica.
P
- Pantites
- Enviado como mensajero a Tesalia y vivo por eso. Volvió a Esparta, se encontró deshonrado y se ahorcó (7,232). Seis líneas de texto, y ni un adjetivo de Heródoto. Es el contrapunto exacto del narrador de la película, que sobrevive porque le mandan contar la historia y acaba arengando a un ejército con un ojo menos.
T
- Tebanos
- Cuatrocientos. Leónidas se los llevó precisamente porque sospechaba de ellos, para ver si mandaban tropas o rompían la alianza a las claras (7,205), y los retuvo al final como rehenes (7,222). Cuando el paso cedió, tendieron las manos, alegaron que estaban allí a la fuerza y Jerjes los marcó a fuego (7,233). Un contingente vigilado dentro del propio ejército no cabe en una película de hombres libres contra esclavos.
- Termópilas
- «Puertas calientes», por unos manantiales sulfurosos que los del lugar llamaban «las Ollas», con un altar de Heracles al lado (7,176). El paso medía unos quince metros en su punto más angosto y ya tenía un muro focidio, viejo, que Leónidas reparó. Hoy no se ve nada de aquello: el limo del Esperqueo ha empujado la costa entre cinco y nueve kilómetros, el suelo de la batalla está bajo una veintena de metros de sedimento y por encima pasa una autopista.
- Tespias
- Setecientos, al mando de Demófilo hijo de Diádromes. Cuando Leónidas licenció a los aliados, se quedaron por voluntad propia: dijeron que no se irían dejando atrás a Leónidas y a los suyos (7,222). Son más del doble que los espartanos y comparten con ellos el montículo final. La película los borra y los sustituye por unos arcadios aficionados a los que su rey humilla preguntándoles el oficio.
X
- Jerjes
- Heródoto no lo trata bien: manda dar trescientos latigazos al Helesponto y echarle grilletes al agua (7,35), le atribuye 5.283.220 hombres —una cifra que él mismo desmonta sin querer dos páginas después, al calcular el trigo diario (7,187)— y hace decapitar y crucificar el cadáver de Leónidas, precisando que los persas suelen honrar al enemigo valiente y que aquello fue una anomalía de la ira (7,238). Pero en esa misma página escribe que, de todo aquel gentío, ninguno era «por belleza y estatura» más digno que Jerjes de mandarlo. El dios calvo de dos metros y medio, cubierto de oro y aros, es justo lo contrario de la fuente: Heródoto describe a un hombre guapo y colérico, no a una aberración.
El libro VII lleva veinticuatro siglos en dominio público y no hay que pedirle permiso a nadie, así que de ahí salen unos cuantos de nuestros diseños: la sombra de Diéneces, la palabra Anopea sola en la espalda, el epitafio de Simónides tal cual lo copió Heródoto. Es cómodo trabajar con un material al que no hace falta añadirle nada.
La fuente, en un museo
The Metropolitan Museum of Art · dominio público · ficha
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