Once años, cuatro muertos y una cuerda vieja
El alpinismo como deporte cabe en once años. La edad de oro va de 1854, cuando Alfred Wills sube el Wetterhorn —era la cuarta ascensión, no la primera, pero fue la que puso de moda el asunto en Inglaterra—, a 1865. En medio, en 1857, se funda en Londres el Alpine Club, el primer club de montaña del mundo.
El 14 de julio de 1865 siete hombres coronan el Cervino por la arista del Hörnli: Edward Whymper, el guía francés Michel Croz, el reverendo Charles Hudson, lord Francis Douglas, el joven e inexperto Douglas Hadow y los dos Peter Taugwalder, padre e hijo. En la bajada mueren cuatro. La cuerda que unía a Douglas con Taugwalder padre se parte: era, por error, la más vieja y débil de las tres que llevaban. El cuerpo de Douglas no apareció nunca. Tres días después, el 17 de julio, Jean-Antoine Carrel remataba la arista italiana por el otro lado.
Ese accidente es la razón de que exista esta iconografía. Un éxito deportivo no habría dado la vuelta a Europa; cuatro muertos y una cuerda partida, sí.
El montañero grababa sus propias láminas
Edward Whymper (Londres, 27 de abril de 1840 – Chamonix, 16 de septiembre de 1911) no era escritor ni pintor. Era grabador en madera, hijo de Josiah Wood Whymper (1813-1903), dueño de uno de los talleres de xilografía más solventes de Londres, por donde pasaron Charles Keene, Fred Walker y John William North. Llegó a los Alpes en 1860 a hacer una serie de dibujos de paisaje por encargo; escalar vino después.
Cuando John Murray publica Scrambles Amongst the Alps in the Years 1860-69, en 1871, el libro lleva 90 ilustraciones en el texto, 21 láminas a página completa y 5 mapas plegables. En los créditos Whymper hace algo poco habitual: nombra a los siete dibujantes que pasaron los dibujos a la madera —H. J. Boot, C. Johnson, J. Mahoney, J. W. North, P. Skelton, W. G. Smith y C. J. Staniland— y firma el grabado como «J. W. and Edward Whymper». Padre e hijo, cortando los tacos juntos. Las láminas sueltas las imprimió él mismo.
De la misma cabeza sale la herramienta. Hasta entonces el hacha de hielo llevaba la hoja alineada con el mango, como un hacha de leña; en los años sesenta del XIX Whymper la gira noventa grados y aparece la azuela, que permite tallar escalones hacia abajo sin descolgarse. Ese piolet —azuela ancha, pico caído, mango largo de fresno, regatón de hierro— sigue cruzado en medio escudo de club de montaña.
Cuanto más empinada, más negra
La otra mitad de la colección es papel. Nicolaas Cruquius dibuja en 1727 el lecho de un río con isobatas de una braza, y Dupain-Triel publica en 1791 un mapa de Francia con curvas de nivel cada veinte metros. Pero la regla que mandó durante un siglo la escribió un sajón: Johann Georg Lehmann (Baruth, 11 de mayo de 1765 – Dresde, 6 de septiembre de 1811), en Darstellung einer neuen Theorie der Bezeichnung der schiefen Flächen im Grundriss, 1799. Su sistema es una proporción, no un adorno: cuanto más empinada la ladera, más gruesa y más junta la hachura, hasta que a 45 grados el papel queda negro del todo. Un mapa así se lee con el ojo antes que con la leyenda.
Sobre esa regla se levanta la carta alpina clásica. La Carta Dufour, dirigida por Guillaume-Henri Dufour (1787-1875) desde la oficina topográfica que fundó en Carouge en 1838, sale entre 1845 y 1864: 25 hojas de 70 por 48 centímetros a escala 1:100.000, grabadas en cobre. La sucede desde 1870 el Atlas Siegfried, de Hermann Siegfried (1819-1879), y ahí ya mandan las curvas de nivel: cada 10 metros a 1:25.000, cada 30 a 1:50.000.
Antes que ninguno de ellos hubo un maquetista. Franz Ludwig Pfyffer von Wyher (1716-1802) tardó veinticuatro años, de 1762 a 1786, en levantar con ladrillo molido, arcilla, carbón, cera y cartón un relieve de la Suiza central de 3,90 por 6,70 metros, a escala 1:11.500 y sin exageración vertical. Sigue expuesto en el Gletschergarten de Lucerna desde 1873.
El Cervino se ha rodado cuatro veces
La primera ascensión llega al cine antes de lo que uno diría, y vuelve una y otra vez:
- 1928 — Der Kampf ums Matterhorn, de Mario Bonnard y Nunzio Malasomma, sobre la novela homónima de Carl Haensel, con Luis Trenker de Carrel y Peter Voss de Whymper.
- 1938 — se rehace dos veces a la vez: la alemana Der Berg ruft, dirigida por el propio Trenker, y la británica The Challenge, de Milton Rosmer y Trenker, con guion de Emeric Pressburger, producción de Alexander Korda y Robert Douglas haciendo de Whymper.
- 1959 — Disney estrena Third Man on the Mountain (Ken Annakin), sobre la novela Banner in the Sky (1954) de James Ramsey Ullman, rodada en Zermatt y en Rotenboden, con el Cervino rebautizado como la Ciudadela.
Detrás está el Bergfilm, el género de montaña alemán que monta Arnold Fanck desde Das Wunder des Schneeschuhs (1920) y que da Der heilige Berg (1926), Die weisse Hölle vom Piz Palü (1929) o Das blaue Licht (1932). Su norma era rodar en pared, no en decorado, y esa costumbre no se ha roto. Clint Eastwood filmó The Eiger Sanction en la cara norte del Eiger entre agosto y septiembre de 1974; el 13 de agosto una piedra desprendida mató al escalador británico David Knowles, de 26 años, y le fracturó la pelvis al operador Mike Hoover. Nordwand (2008, Philipp Stölzl) vuelve a esa misma pared para contar el intento de 1936 y la agonía de Toni Kurz.
Cliffhanger (1993, Renny Harlin) dice Rocosas y enseña Dolomitas: Cortina d'Ampezzo, el Cristallo, las Tofane, el Faloria. Simon Crane cobró un millón de dólares por pasar de un avión a otro a 4.600 metros, la acrobacia aérea más cara jamás rodada según el Guinness. El reboot de 2026, de Jaume Collet-Serra con Lily James y Pierce Brosnan, vuelve a situar la historia en los Dolomitas, aunque se rodó en Austria.
La postal que Walt Disney se mandó a sí mismo
Durante el rodaje de Third Man on the Mountain en Zermatt, Walt Disney compró en un puesto de souvenirs una postal del Cervino, la metió en un sobre y se la mandó al arquitecto Vic Greene con cuatro palabras escritas detrás:
Vic. Build This. Walt.
El Matterhorn Bobsleds abrió en Disneyland el 14 de junio de 1959, el mismo año que la película, con árboles cada vez más pequeños hacia la cumbre para falsear la escala.
La cadena entera: la forma que millones de personas tienen en la cabeza cuando piensan «montaña» es una pirámide de cuatro aristas que fijó un grabador de Londres cortando tacos de boj con su padre, que un novelista alemán convirtió en trama, que Trenker rodó dos veces y que acabó siendo una montaña rusa en California.

















