Quién grabó el cielo y en qué taller
El primer mapa estelar impreso en Europa es de 1515 y lo firman tres personas: Johannes Stabius lo ordenó, Konrad Heinfogel colocó las estrellas y Alberto Durero dibujó las figuras. Lo dice la cartela de la propia lámina, con los tres escudos: Ioann. Stabius ordinavit / Conradus Heinfogel stellas posuit / Albertus Durer imaginibus circumscripsit. Dos hemisferios, hechos en el entorno de Maximiliano I y del cardenal Matthäus Lang. Sobreviven una decena de ejemplares.
En 1603, en Augsburgo, el abogado Johann Bayer publica la Uranometria con el impresor Christoph Mang: 51 láminas grabadas en cobre por Alexander Mair, con una rejilla de coordenadas encima de cada figura y las posiciones del catálogo de Tycho Brahe. Ahí nace la costumbre de nombrar las estrellas con letras griegas por orden de brillo, que seguimos usando: alfa de Orión es Betelgeuse porque lo decidió Bayer.
Después llegan los grandes. Andreas Cellarius, Harmonia Macrocosmica (Ámsterdam, Johannes Janssonius, 1660), veintinueve dobles páginas que comparan los sistemas de Ptolomeo, Copérnico y Tycho con querubines en los márgenes; es el atlas que más han saqueado los decoradores. Y Johannes Hevelius, Firmamentum Sobiescianum sive Uranographia (Gdansk, 1690), 54 láminas dobles con 73 constelaciones.
Los dos atlas que cierran la serie los publicaron dos viudas. Hevelius murió en 1687 y fue Elisabeth Koopman, su mujer y compañera en las mediciones con el gran sextante, quien sacó el libro en 1690. John Flamsteed murió en 1719 y su Atlas Coelestis lo publicó Margaret Flamsteed, con James Hodgson, en 1729. En 1776 el parisino J. Fortin lo redujo a un tercio del tamaño, supervisado por Lemonnier y Messier: esa edición de bolsillo es la que corrió por Europa.
Un bestiario traído de los mares del sur
La lámina 49 de Bayer es la rara: doce constelaciones que Ptolomeo no podía conocer porque no se ven desde el Mediterráneo. Bayer las copió del cuaderno de Pieter Dirkszoon Keyser, que las observó en 1595 y 1596 en la primera expedición neerlandesa a las Indias, junto a Frederick de Houtman. Keyser murió en septiembre de 1596 en el estrecho de la Sonda y nunca vio impresas sus estrellas: Petrus Plancius las montó en un globo celeste a finales de 1597 y Bayer las grabó en 1603. Por eso el cielo austral es un zoológico de animales que aquellos marineros acababan de ver por primera vez:
- Apus, el ave del paraíso; Pavo, el pavo real; Tucana, el tucán.
- Chamaeleon, el camaleón; Musca, la mosca —aunque Bayer la grabó como Apis, la abeja, y fue Lacaille quien la corrigió a mosca en su planisferio austral de 1756—; Volans, el pez volador; Dorado, el dorado.
- Grus, la grulla; Hydrus, la serpiente de agua; Indus, el indio; más Phoenix y el Triangulum Australe.
Hevelius añadió los suyos y son todavía mejores. Bautizó Lynx porque escribió que para verla había que tener oculos Lynceos, ojos de lince: Gassendi había dicho en 1644 que Hevelius tenía vista de lince y él se lo tomó como un reto al lector. Grabó Vulpecula cum Ansere, una zorra que lleva un ganso en la boca camino del Cerberus de tres cabezas, otro invento suyo. Llamó Scutum Sobiescianum a un escudo, en honor de su mecenas el rey Juan III Sobieski. Y colgó del cielo un Sextans en memoria del sextante que ardió con su observatorio de Gdansk el 26 de septiembre de 1679. Al ganso se lo acabaron comiendo: hoy queda solo la zorra y una estrella que se llama Anser.
Hevelius dibujó el cielo del revés
Bayer, Cellarius y Flamsteed dibujan el cielo como se ve tumbado en el suelo. Hevelius no: dibuja sus 73 constelaciones como si mirásemos un globo celeste desde fuera. Sus figuras salen espejadas respecto a lo que verás esta noche, y para usar las láminas hay que darles la vuelta mentalmente. No fue un descuido, fue una postura: para él el objeto canónico era el globo, no el techo.
Ese punto de vista imposible es justo el que abre Juego de Tronos (HBO, 2011): una esfera armilar con el sol en el centro y los continentes grabados en la cara interior del globo, de modo que el espectador mira el mundo desde donde nadie puede ponerse. La cabecera es de Elastic; Angus Wall, Robert Feng, Kirk Shintani y Hameed Shaukat ganaron con ella el Emmy de 2011.
El grabado de 1888 que finge ser medieval
Hay una imagen que sale en todos los documentales del cosmos: un peregrino se arrodilla en el borde del mundo, mete la cabeza por una rendija del firmamento y ve las ruedas y los engranajes de detrás. Casi siempre se presenta como xilografía medieval. No lo es.
Aparece por primera vez en 1888, en la página 163 de L'atmosphère: météorologie populaire, de Camille Flammarion (Hachette, París), y sin firma. El pie de foto es el culpable del malentendido: contaba que un misionero de la Edad Media aseguraba haber encontrado el punto donde el cielo y la tierra se tocan.
En 1973 Bruno Weber, conservador de fondo antiguo de la Zentralbibliothek de Zúrich, lo desmontó: en el grabado hay trazos hechos a buril, herramienta que no se aplica a la madera hasta finales del siglo XVIII. Weber y el astrónomo Joseph Ashbrook apuntaron además que esa bóveda partida se parece mucho a una ilustración de la Cosmographia de Sebastian Münster (1544), un libro que Flammarion, bibliófilo, podía tener a mano. Es un falso antiguo del XIX. Las versiones en color son aún más nuevas: la primera que se publicó fue la de Roberta Weir, distribuida por Print Mint de Berkeley en 1970. Y su aparición más vista es de anteayer — el 9 de marzo de 2014, el primer episodio de Cosmos: A Spacetime Odyssey la animó para contar la vida de Giordano Bruno.
Del cobre al plató de rodaje
Le Voyage dans la Lune (Georges Méliès, 1902). El cuadro doce, el del sueño, no enseña estrellas: enseña caras. Febe sentada en el cuerno de la luna (la interpreta Bleuette Bernon), la Osa Mayor, las estrellas gemelas y Saturno asomado a una ventana entre sus anillos. Méliès no inventó nada: copió la manera de dibujar el cielo de los atlas y los almanaques, donde cada astro tiene cuerpo, ropa y gesto.
Ágora (Alejandro Amenábar, 2009). La esfera armilar, los cuadrantes, el astrolabio y la maqueta del sistema de Ptolomeo que maneja Hipatia se construyeron como réplicas de verdad: herreros, carpinteros, maquetistas y pintores trabajando tres meses entre Roma y Malta con diseños sacados de museos y bibliotecas. Terminado el rodaje, las piezas se expusieron en el Museo de la Ciencia y el Cosmos de Tenerife hasta el 19 de julio de 2009.
Forbidden Dream (Hur Jin-ho, 2019). Choi Min-sik y Han Suk-kyu como Jang Yeong-sil y el rey Sejong, construyendo globos celestes y relojes de agua. Detrás está el Cheonsang Yeolcha Bunyajido, la carta que Taejo mandó grabar en piedra negra en diciembre de 1395 con 1.467 estrellas y 264 constelaciones: tesoro nacional número 228 de Corea y fondo del billete de 10.000 wones desde 2007.

















