La película de Guy Ritchie no adapta ninguna historia de Conan Doyle: se vendió a Warner con dibujos, sin guion y sin texto de origen. Aquí va el desglose pieza a pieza de qué salió del canon, qué se inventó el guion y quién seguía cobrando por Holmes en 2009.
Guy Ritchie estrenó su Sherlock Holmes el 25 de diciembre de 2009: 90 millones de dólares de presupuesto, 524 de recaudación y octavo puesto en la taquilla del año. Warner le había dado luz verde en marzo de 2007. Lo llamativo es lo que falta en ese expediente: un relato de Arthur Conan Doyle al que la película esté adaptando.
El proyecto empezó siendo dibujos, no un guion
El crédito de historia es de Lionel Wigram y Michael Robert Johnson; el guion, de Johnson, Anthony Peckham y Simon Kinberg. Wigram, ejecutivo de Warner reconvertido en productor, buscaba un Holmes parecido al que leía de niño y no al de la pantalla. En lugar de escribir un guion especulativo, encargó a un dibujante, John Watkiss, que le pusiera imágenes al concepto.
Conviene aquí desconfiar de lo que se repite. La prensa de 2009 habló de un cómic de 25 páginas. Rich Johnston publicó en Bleeding Cool, en pleno estreno, que ese cómic no existía: Watkiss entregó dieciocho ilustraciones sueltas, sin viñetas ni bocadillos, que acabaron a la venta en la galería Nucleus de California. Ninguna de las dos versiones discute el fondo: la película se vendió con dibujos porque no tenía texto detrás, ni propio ni de Doyle.
Lo que ya estaba escrito y nadie filmaba
El reproche habitual —que convierte a Holmes en un tipo de acción— se sostiene mal si uno vuelve al canon. En Estudio en escarlata (1887), Watson lista las capacidades de su compañero de piso y anota, en el punto once, que es «experto en bastón, boxeo y esgrima». En El signo de los cuatro (1890), Holmes se cruza con McMurdo, portero y púgil profesional, y le recuerda que fue «el aficionado que peleó tres asaltos contigo en las salas de Alison la noche de tu beneficio». Ritchie no inventa el boxeo: lo rueda, con cámara de alta velocidad, en el Punch Bowl.
El baritsu es otra cosa. Holmes lo menciona una sola vez, en La aventura de la casa vacía (1903), al explicar cómo se libró de Moriarty: «tengo cierto conocimiento del baritsu, o sistema japonés de lucha». Doyle escribió mal el nombre de un método real, el bartitsu que Edward William Barton-Wright desarrolló en Londres entre 1898 y 1902. La película transcurre en 1890: su Holmes pelea con un estilo que aún no existía ni tenía nombre. Downey venía entrenado en wing chun con Eric Oram desde 2003, y el resultado es un híbrido que no está en ningún libro.
Treinta páginas convertidas en coprotagonista
Irene Adler aparece en un solo relato, Escándalo en Bohemia, julio de 1891. Es contralto, nacida en Nueva Jersey en 1858, cantó en La Scala y en la Ópera Imperial de Varsovia, se casa con Godfrey Norton y deja a Holmes con un palmo de narices. No roba por encargo, no trabaja para nadie y Watson, al escribir el caso, ya la da por muerta.
De ahí salen la ladrona profesional de Rachel McAdams, sus dos victorias previas sobre Holmes y su condición de empleada de Moriarty. Es la reescritura más grande de la película y la más silenciosa: nadie discute que Adler «sale en los libros», pero lo que sale son treinta páginas y una despedida.
Dos personajes que llegan antes de tiempo
Mary Morstan es la clienta de El signo de los cuatro, la novela de 1890 con la que Watson se compromete al cerrar el caso. La película, ambientada en ese mismo 1890, arranca con el noviazgo hecho y lo usa como motor del divorcio profesional entre los dos amigos.
Moriarty es un problema de calendario. Doyle lo crea en El problema final, publicado en diciembre de 1893 y ambientado en 1891, y lo presenta con una pregunta que lo dice todo: «Probablemente nunca haya oído hablar del profesor Moriarty». Watson responde que nunca. Aquí ya opera entre bambalinas, con el rostro fuera de plano, un año antes de que el Watson de Doyle supiera que existía: la franquicia necesitaba antagonista de reserva y el canon no lo tenía aún disponible. Jared Harris le puso cara en 2011.
Lo que se inventa entero
Lord Blackwood, el Templo de las Cuatro Órdenes y el complot para volar el Parlamento no salen del canon: son material original, levantado sobre el espiritismo victoriano y con Aleister Crowley como referencia declarada de la producción. La ironía es que el guion pone a Holmes a desmontar un fraude ocultista mientras su autor dedicó sus últimos quince años a defender lo contrario, hadas de Cottingley incluidas.
El Londres del clímax tampoco es Londres. El Puente de la Torre estuvo en obras entre 1886 y 1894, de modo que en 1890 era un esqueleto perfecto para una cuenta atrás; el tramo sin terminar se levantó como decorado en el Marcy Avenue Armory de Brooklyn, junto al 221B y el desván del Punch Bowl. El Parlamento por dentro es el ayuntamiento de Mánchester; los almacenes del Támesis, el Stanley Dock de Liverpool.
Quién cobraba en 2009 por un autor muerto en 1930
Doyle murió el 7 de julio de 1930, pero en 2009 su obra seguía dando facturas. En Estados Unidos, los diez últimos relatos —publicados entre 1923 y 1927— continuaban protegidos y solo se liberarían entre 2019 y 2023. Warner declaró haber firmado acuerdos con los representantes de los herederos y también con Andrea Plunket, ex mujer del productor Sheldon Reynolds, cuya reclamación llevaban años rechazando los tribunales federales desde que Dame Jean Conan Doyle recuperó los copyrights en 1981. Pagar a dos partes cuando una no tiene razón sale más barato que pleitear con la película ya montada.
En España la aritmética es otra y casi nadie la aplica bien. La disposición transitoria cuarta de la Ley de Propiedad Intelectual mantiene un plazo de 80 años para los autores fallecidos antes del 7 de diciembre de 1987. Doyle entra ahí: sus obras no pasaron al dominio público en España hasta el 1 de enero de 2011. Cuando la película llegó a nuestras salas, el detective aún tenía dueño aquí.
Hoy ya no, y con él quedó libre lo que de verdad fijó su imagen: los dibujos de Sidney Paget, que ilustró una novela y treinta y siete relatos en The Strand entre 1891 y 1904, casi seiscientas láminas. La gorra de cazador que todo el mundo asocia a Holmes no la escribió Doyle —él habló de una «gorra de paño ajustada»—, la dibujó Paget en El misterio del valle de Boscombe, octubre de 1891. Paget murió en 1908 y sus grabados llevan décadas siendo de todos: de ahí salen nuestras camisetas, del Holmes de tinta.
La fuente, en un museo
The Metropolitan Museum of Art · dominio público · ficha
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