Una tarde de remo y una primera edición retirada
El 4 de julio de 1862 Charles Lutwidge Dodgson, profesor de matemáticas en Christ Church (Oxford), rema por el Támesis con el reverendo Robinson Duckworth y las tres hermanas Liddell: Lorina, Alice y Edith. Para entretenerlas se inventa una historia sobre la mediana. Dos años después, en noviembre de 1864, le regala a Alice Liddell el manuscrito escrito y dibujado a mano, titulado Alice's Adventures Under Ground.
La versión ampliada sale el 26 de noviembre de 1865 en Macmillan, firmada Lewis Carroll: un seudónimo cocinado latinizando Charles Lutwidge en Carolus Ludovicus y devolviéndolo al inglés del revés. De aquella primera tirada de 2.000 ejemplares no queda casi nada, porque Tenniel protestó por la calidad de impresión y Carroll la retiró; las hojas se vendieron a un editor estadounidense y la edición buena se puso a la venta en diciembre. Se conocen 22 ejemplares supervivientes de la primera. El manuscrito original se subastó en Sotheby's en 1928 por 15.400 libras y hoy está en la British Library.
Tenniel puso las caras que todos vemos
Carroll era dibujante aficionado, pero para el libro contrató a John Tenniel (1820-1914), caricaturista jefe de la revista Punch desde 1864 y autor de unas 2.165 viñetas. Hizo 42 grabados para Alicia y 92 en total contando A través del espejo. Los hermanos Dalziel los pasaron a taco de madera; esos tacos originales están hoy en la Bodleian Library de Oxford.
La consecuencia es que la iconografía no viene del texto, viene del dibujo. Carroll no describe físicamente al Sombrerero en ningún momento: el sombrero de copa con su etiqueta de precio, la pajarita, la nariz, todo eso es invención de Tenniel. Tampoco le llama nunca «Sombrerero Loco» —en los libros es sólo «el Sombrerero»—; el Mad Hatter lo pusieron las adaptaciones, sobre el dicho inglés mad as a hatter, que venía del mercurio con que se trataba el fieltro. Cualquier película que quiera parecer Alicia negocia con Tenniel, no con Carroll.
A través del espejo llegó a las librerías en diciembre de 1871, con 1872 impreso en la portada, y vendió 15.000 ejemplares en semanas. Allí el tablero de ajedrez sustituye a la baraja: el campo son casillas separadas por arroyos y Alicia avanza como un peón.
Palabras que no existían y hoy están en el diccionario
El poema Jabberwocky abre A través del espejo con una estrofa que no significa nada y se entiende igual: brillig, slithy toves, borogoves, mome raths. Es Humpty Dumpty quien, capítulos después, explica el mecanismo y bautiza el concepto: slithy es lithe más slimy, dos sentidos empaquetados en una palabra, «como un portmanteau». De ahí sale el término lingüístico que hoy usamos para «palabra maleta».
Algunas cuajaron de verdad. Chortle (de chuckle y snort) y galumphing (de gallop y triumphant) figuran en el Oxford English Dictionary. Otras se fueron a la fantasía de género y ya no citan la fuente: la vorpal sword, cuyo significado el propio Carroll admitió no saber explicar, y el Bandersnatch. Buena parte del bestiario de espadas y bichos raros del cine fantástico se surte de un poema sin sentido de 1871.
Ciento veinte años de Alicias en pantalla
La primera es británica y de 1903: Alice in Wonderland, de Cecil Hepworth y Percy Stow, rodada en buena parte en Port Meadow (Oxford), con May Clark de Alicia y la señora Margaret Hepworth doblando de Conejo Blanco y Reina de Corazones. Duraba unos 12 minutos —la película más larga hecha hasta entonces en Gran Bretaña— y presumía de trucajes: Alicia encogiendo en la sala de las puertas y luego atrapada por su propio tamaño dentro de la casa del conejo. Sobrevive una sola copia; el BFI la restauró con su tinte original y la publicó en 2010, ya reducida a 9 minutos y 35 segundos.
El salto interesante es 1966. Jonathan Miller rueda para la BBC, emitida el 28 de diciembre, una Alicia sin una sola cabeza de animal: actores en ropa victoriana, un gato de verdad como gato de Cheshire, Peter Cook de Sombrerero, John Gielgud de Falsa Tortuga, Michael Redgrave de Oruga, Peter Sellers de Rey de Corazones y banda sonora de Ravi Shankar. Su argumento era simple: «cuando les quitas las cabezas de animal, empiezas a ver de qué va esto».
En 1988 Jan Švankmajer firma Něco z Alenky y se va al extremo contrario: stop motion con objetos reales, un conejo blanco disecado que pierde serrín y una oruga hecha con un calcetín. Ganó el premio de largometraje en Annecy 1989. Y en 2010 Tim Burton convierte el material en taquilla pura: Alicia con 19 años, el país se llama Underland, el Jabberwocky es el villano final y la cabeza de Helena Bonham Carter se agranda digitalmente al triple. Recaudó 1.025 millones de dólares. La secuela de 2016, ya dirigida por James Bobin, perdió unos 70 millones.
El guion de Alicia que escribió Aldous Huxley
Disney compró los derechos en mayo de 1938 y tardó trece años en estrenar. Por el camino descartó los diseños de David Hall por parecerse demasiado a Tenniel y ser difíciles de animar, y en otoño de 1945 contrató a Aldous Huxley —el de Un mundo feliz— para una película mixta de imagen real y animación titulada Alice and the Mysterious Mr. Carroll. Huxley entregó un tratamiento de catorce páginas el 23 de noviembre de 1945 y un primer guion el 5 de diciembre. Disney lo rechazó por ser una adaptación «demasiado literal».
La película que sí salió, en julio de 1951, fue un fracaso: 2,4 millones de recaudación frente a 3 de presupuesto, y la crítica británica acusando a Disney de americanizar a Carroll. La rescataron los campus universitarios a partir de 1971, donde llegó a ser la película más alquilada de algunas ciudades, y Disney la reestrenó en 1974 apoyándose sin disimulo en la lectura psicodélica, con anuncios de radio que citaban White Rabbit de Jefferson Airplane.
Micropsia: el síndrome que lleva su nombre
Encoger y crecer no es sólo un recurso de guion. En 1955 el psiquiatra británico John Todd describió en el Canadian Medical Association Journal un cuadro de distorsión perceptiva y lo llamó síndrome de Alicia en el País de las Maravillas: micropsia (ver los objetos más pequeños de lo que son), macropsia (más grandes) y deformación del esquema corporal. Suele acompañar a la migraña; lo padece alrededor de una de cada diez personas con migrañas.
Todd apuntó que Carroll escribía desde su propia cabeza: en su diario anotó esas «fortificaciones en movimiento» seguidas de dolor de cabeza y consultó a un oftalmólogo por ello. Cualquier plano de Alicia estirándose hasta el techo tiene detrás un síntoma con nombre clínico.
















