El mural que ardió en 1698
Hans Holbein el Joven nació en Augsburgo hacia 1497 y en 1536 era pintor del rey con treinta libras al año. Su encargo grande fue un mural para la cámara privada de Whitehall, pintado entre 1536 y 1537: cuatro figuras alrededor de un plinto de mármol —Enrique VIII, Jane Seymour y los padres del rey, Enrique VII e Isabel de York—. Ardió con el palacio en el incendio de 1698.
De la obra que fabricó la cara más reconocible del siglo XVI quedan dos sombras. Una es el cartón preparatorio a tamaño real, en la National Portrait Gallery de Londres, que sólo conserva el tercio izquierdo con los dos Enriques; ahí el hijo aparece aún de tres cuartos, girado. La postura frontal —piernas abiertas, brazos separados, plantado como un luchador— se decidió después, ya sobre la pared. La otra, la copia reducida que Remigius van Leemput pintó en 1667 para Carlos II, hoy en Hampton Court: la única imagen de la composición entera.
Holbein murió en Londres entre el 7 de octubre y el 29 de noviembre de 1543. El único Enrique VIII de su mano que se conserva es un medio cuerpo de 28 × 20 centímetros que el Thyssen-Bornemisza de Madrid fecha hacia 1537.
Blasones que se leen como carteles
La rosa Tudor no es una flor, es un pacto: Enrique VII gana Bosworth en 1485, se casa con Isabel de York en enero de 1486 y funde la rosa roja de Lancaster y la blanca de York, una dentro de otra. Cada esposa trajo después la suya:
- Catalina de Aragón: una granada abierta y coronada. Fertilidad, y de paso Granada.
- Ana Bolena: un halcón blanco coronado, con cetro en una garra, sobre un tocón del que brotan rosas rojas y blancas: el tocón es el reinado estéril al que viene a dar vida.
- Jane Seymour: un fénix ardiendo entre rosas Tudor.
El tocado inglés o gable es una caja triangular que enmarca la cara y tapa el pelo; el francés es redondo y deja ver el nacimiento del cabello. Ana Bolena volvió de Francia con el segundo, y en las películas basta ese detalle para saber de qué bando es cada dama; Jane Seymour volvió al inglés.
Del lado bruto, el yelmo con cuernos que Konrad Seusenhofer hizo entre 1511 y 1514, regalo de Maximiliano I: ojos saltones, dentadura torcida, gafas y cuernos de carnero, como copiado de un bufón. La armadura se despiezó; el yelmo está en las Royal Armouries de Leeds. Holbein diseñaba también joyas, copas y piezas de las armaduras de Greenwich.
La cara de Isabel se aprobó por decreto
Con Isabel I el retrato deja de buscar parecido y pasa a ser política de Estado. El retrato Darnley, de hacia 1575-1576, pone corona y cetro como atrezo, y su patrón facial sirvió de plantilla para los retratos autorizados hasta los años noventa.
En los retratos del cedazo (el primero, de George Gower, 1579) sostiene una criba porque es Tucia, la vestal que probó su castidad llevando agua en un colador. El retrato de la Armada, de 1588, le pone la mano sobre un globo, encima de América, con los brulotes ingleses derivando hacia la flota española a un lado y los barcos españoles estrellándose contra las rocas al otro; de las tres versiones que quedan, la de Greenwich costó 10,3 millones de libras en 2016. El del Arcoíris, hacia 1600-1602, en Hatfield House, la viste con un manto sembrado de ojos y orejas, una serpiente en la manga y el lema non sine sole iris: no hay arcoíris sin sol.
El control era literal: en 1563 se redactó una proclama —nunca publicada— contra las imágenes mal hechas de la reina, y en 1596 el Consejo Privado ordenó buscar y quemar los retratos poco favorecedores. Después Nicholas Hilliard fijó la «máscara de juventud», un patrón de cara del que se conservan unas dieciséis miniaturas y que mantuvo a Isabel con la misma edad hasta su muerte en 1603.
De Laughton plantado a Rylance quieto
La vida privada de Enrique VIII (Alexander Korda, 1933) inventó al rey gordo que tira huesos por encima del hombro, le dio a Charles Laughton el Oscar al mejor actor y fue la primera película británica nominada a mejor película. Laughton compuso el personaje sobre la estampa de Holbein: esa planta frontal es la del mural quemado.
El material reparte premios técnicos: vestuario para Margaret Furse por Ana de los mil días (1969); maquillaje para Jenny Shircore por Elizabeth (Shekhar Kapur, 1998), cuyo final condensa en una noche —albayalde, cejas decoloradas, tijeras— lo que fue una decisión de gabinete décadas más tarde; vestuario para Alexandra Byrne por Elizabeth: la edad de oro (2007), donde Jordi Mollà hace un Felipe II de pasillo oscuro. Sandy Powell vistió The Other Boleyn Girl (Justin Chadwick, 2008), sobre la novela de Philippa Gregory de 2001.
Los extremos son televisivos. Los Tudor (2007-2010) hizo lo contrario de Holbein a conciencia. Joan Bergin ganó tres Emmy de vestuario y decidió no ponerle peluca ni postizo a nadie, contra la costumbre del siglo XVI: quería un Enrique con aire de estrella de rock. Wolf Hall (BBC, 2015) hizo lo opuesto: en el tercer episodio reconstruyó el retrato de Thomas Cromwell que Holbein pintó hacia 1532-1533, hoy en la Frick Collection: mismo fondo, misma mesa, y Gavin Finney igualó la luz a la del cuadro. En la novela de Hilary Mantel, Cromwell lo ve acabado y dice «parezco un asesino»; su hijo contesta: «¿No lo sabías?».
Ana Bolena mide 38 milímetros
No existe ningún cuadro de Ana Bolena pintado del natural que los historiadores acepten. El único retrato contemporáneo indiscutido es un disco de plomo de 38 milímetros guardado en el British Museum: la medalla de 1534, con el busto coronado, las letras A R de Anna Regina y su lema, THE MOOST HAPPI. Se acuñó esperando un heredero varón; el embarazo se malogró y el encargo se abandonó. Tiene la nariz aplastada y un lado de la cara arañado, y hay quien sostiene que fue deliberado. A Ana la decapitaron el 19 de mayo de 1536.
Todos los demás, incluido el retrato del collar con la B, son copias tardías de un original perdido: Geneviève Bujold, Natalie Portman, Natalie Dormer y Claire Foy descienden de la copia de algo que nadie ha visto.
En agosto de 2017, dos estudiantes de Cambridge, Toby Marlow y Lucy Moss, estrenaron en el Fringe de Edimburgo Six: las seis esposas montan un concierto de pop. Uno de los números se titula «Haus of Holbein» y convierte el retrato cortesano en un perfil de aplicación de citas: Enrique elige a Ana de Cléveris por la foto. La función filmada llegó a los cines en 2025 y 2026. Casi quinientos años después, el que hace el casting sigue siendo el pintor.



















