Owen inventa la palabra en 1842, pero la imagen es anterior
Richard Owen juntó en 1842 tres bichos que nadie sabía dónde meter —Megalosaurus, Iguanodon e Hylaeosaurus— y los llamó Dinosauria. La palabra llegó tarde: la primera imagen de un mundo extinto ya circulaba desde 1830.
La firma Henry De la Beche (1796-1855), geólogo y buen dibujante. Duria Antiquior —«un Dorset más antiguo»— es una acuarela llena de ictiosaurios mordiendo cuellos de plesiosaurio, tortugas, peces y pterosaurios, litografiada por Georg Scharf. Es el primer paisaje prehistórico reconstruido a partir de fósiles reales.
Un detalle la vuelve rara: varios animales defecan en pleno cuadro. William Buckland acababa de identificar los coprolitos y De la Beche los pintó porque eran prueba.
Y no se hizo para vender. Las estampas salieron a 2 libras y 10 chelines para sacar dinero a Mary Anning, la buscadora de fósiles de Lyme Regis que había desenterrado media escena y no firmaba ninguno de aquellos hallazgos. Buckland le mandó cien copias a su tienda para que las despachara ella.
Una cena de veintiuno dentro de un iguanodonte
Benjamin Waterhouse Hawkins (1807-1894) levantó entre 1852 y 1854, en el parque de Sydenham donde se remontó el Crystal Palace, quince géneros de animales extintos a tamaño real en ladrillo, hierro y cemento. Solo tres eran dinosaurios de verdad. Costaron 13.729 libras. La reina Victoria los inauguró el 10 de junio de 1854 y ahí siguen, protegidos con el grado máximo desde 2007.
La víspera de Año Nuevo de 1853, con el iguanodonte todavía en molde, Hawkins montó una cena dentro del animal. Veintiún invitados: once sentados en la panza y el resto en una mesa pegada, con Owen a la cabecera. La invitación iba escrita sobre un ala de pterodáctilo dibujada.
«Mr. Waterhouse Hawkins solicita el honor de ____ a cenar en el molde del Iguanodon, en el Crystal Palace, el sábado 31 de diciembre de 1853 por la tarde, a las cinco. Se agradecerá respuesta.»
Se equivocó en lo evidente. El iguanodonte lleva cuerno en el morro porque Gideon Mantell, sin cráneo que consultar, dedujo que aquel hueso puntiagudo iba en la nariz. Era un pulgar. Se supo a partir de 1878, cuando dos mineros de Bernissart, Jules Créteur y Alphonse Blanchard, se toparon a 322 metros de profundidad con casi cuarenta esqueletos de iguanodonte.
La segunda parte salió peor. Hawkins se fue a Nueva York a montar un Museo Paleozoico en Central Park y el 3 de mayo de 1871 le entraron en el taller a mazazos y enterraron los restos cerca de la esquina suroeste del parque. Durante un siglo se le echó la culpa a Boss Tweed; un trabajo de Vicky Coules y Michael Benton publicado en 2023 en Proceedings of the Geologists' Association señala a Henry Hilton, el abogado que Tweed había colocado en la junta del parque.
Quién dibujaba: Riou, d'Orbigny, Marsh
Édouard Riou (1833-1900) hizo las 25 «vistas ideales» de La Terre avant le déluge, el libro de Louis Figuier de 1863 que enseñó a media Europa qué aspecto tenía el pasado. Para Hetzel ilustró también el Viaje al centro de la Tierra de Verne: la primera edición, del 25 de noviembre de 1864, salió sin láminas, y las suyas llegaron con la edición ampliada de 1867. La misma mano hizo el manual y la novela: por eso los monstruos de Verne y los de la divulgación son el mismo animal. En la segunda edición de Figuier, 1867, desapareció el Jardín del Edén que cerraba la primera.
Alcide d'Orbigny (1802-1857) es el otro extremo: nada de paisajes, solo la concha. Su Paléontologie française, publicada entre 1840 y 1860, dejó 1.440 litografías; el tomo de cefalópodos cretácicos, de 1840-1842, son 148 láminas de amonites vistos de perfil, de frente y en sección.
Othniel Charles Marsh (1831-1899) puso el esqueleto. The Dinosaurs of North America, de 1896, fijó la silueta negra sobre fondo blanco que se sigue usando hoy en todas partes. También metió la pata: le encajó al Brontosaurus un cráneo de Camarasaurus. El montaje del museo de Nueva York lo llevó así desde 1905. David Berman y John McIntosh demostraron en 1978 que la cabeza buena era otra; el Carnegie de Pittsburgh cambió la suya en 1979 y el de Nueva York no lo hizo hasta la reforma de 1995.
Teresa Madasú dibujó los fósiles de España y casi nadie la nombra
La Comisión del Mapa Geológico encargó a Lucas Mallada (1841-1921) una Sinopsis de las especies fósiles que se han encontrado en España. Salió en diecisiete entregas del Boletín entre 1875 y 1892, con 250 láminas.
206 de esas 250 las dibujó Teresa Madasú y Celestino, nacida en Zaragoza el 13 de mayo de 1848 y muerta en Madrid el 11 de marzo de 1917. Fue la primera mujer matriculada en la Escuela Especial de Pintura, Escultura y Grabado de Madrid, curso 1873-74, y la primera ilustradora paleontológica documentada del país.
Sus amonites, braquiópodos y trilobites son material español de dominio público: litografía fina, sin retórica y sin nadie que la haya reeditado.
Del papel al fotograma
El mundo perdido (1925), de Harry O. Hoyt, es la primera película larga que confía sus criaturas a la animación fotograma a fotograma. Willis O'Brien la animó y Marcel Delgado construyó los muñecos copiando las pinturas de Charles R. Knight.
Antes del estreno hubo una broma. El 2 de junio de 1922, Conan Doyle proyectó unas pruebas en el banquete de la Society of American Magicians, en el hotel McAlpin de Nueva York, sin explicar qué eran. El New York Times tituló al día siguiente «Dinosaurs Cavort in Film for Doyle». El 4 de junio el periódico publicó su carta: solo quería mistificar a los mistificadores.
Lo demás es una cadena:
- O'Brien repitió en King Kong (1933).
- Disney fichó para el episodio de La consagración de la primavera de Fantasía (1940) a Roy Chapman Andrews, Barnum Brown, Julian Huxley y Edwin Hubble.
- Los diseñadores de Godzilla (1954), Akira Watanabe y Teizo Toshimitsu, mezclaron iguanodonte, estegosaurio y tiranosaurio mirando el Life del 7 de septiembre de 1953.
- Ray Harryhausen animó Hace un millón de años (1966) y luego El valle de Gwangi (1969), un proyecto que O'Brien había dejado a medias.
Parque Jurásico (1993) cierra el círculo: el velocirraptor de Michael Crichton es el Deinonychus que John Ostrom describió en 1969. Ostrom contaba que era su animal «en casi todos los detalles» y que Crichton le telefoneó para avisarle de que le cambiaba el nombre porque sonaba mejor.
Amonites, serpientes y una abadesa
En Whitby, Yorkshire, a los amonites los llamaban snakestones, piedras de serpiente. La leyenda decía que la abadesa Hilda había petrificado las serpientes que infestaban el acantilado; la referencia escrita más antigua está en la Britannia de William Camden, 1586. Los vendedores victorianos tallaban una cabeza de serpiente en el extremo de la espira para que la historia cuadrara y la pieza se vendiera mejor. El escudo de la villa lleva tres amonites con cabeza, y hay un género que se llama Hildoceras por la abadesa.
La misma playa es donde Bram Stoker hace encallar el Deméter en Drácula (1897), escena que han vuelto a rodar desde Coppola en 1992 hasta El último viaje del Deméter en 2023. La espiral fósil y el vampiro salieron del mismo acantilado.
















