El general que no se fiaba de los puños
Qi Jiguang (1528-1588) se pasó la vida echando piratas wokou de la costa de Zhejiang y en 1560 escribió el manual con el que entrenaba a sus reclutas: el Jixiao Xinshu, «Nuevo tratado de eficacia militar». El capítulo catorce, «Lo esencial del puño», recoge treinta y dos posturas de mano vacía, cada una con su grabado y su copla de cuatro versos. Es el manual ilustrado de combate sin armas más antiguo que se conserva en China y empieza con una advertencia que sus herederos prefieren no citar: el boxeo, dice Qi, no sirve de gran cosa en una batalla. Está para endurecer al recluta, no para salvarle en una carga.
De paso deja escrito el catálogo de lo que se practicaba en 1560: las treinta y dos posturas de Song Taizu, las setenta y dos manos de la familia Wen, el puño del mono, el bastón de Shaolin. Sesenta años después, Mao Yuanyi (1594-1640) se lo copió entero dentro del Wubei Zhi (1621), doscientos cuarenta volúmenes de armamento dibujado pieza a pieza.
Shaolin se hizo famoso con un palo
Cheng Zongyou (1561-1636), hijo de familia acomodada de Xiuning, se plantó una década en el monasterio de Shaolin. Lo que trajo de allí, escrito hacia 1610 e impreso en 1621, se titula Exposición del método original del bastón de Shaolin, y es el manual shaolín más antiguo que sobrevive. No va de puños: son cincuenta y tres posiciones de bastón largo. La fama marcial del monasterio en la Ming se construyó sobre el palo; la mano vacía llegó después, como documentó el sinólogo Meir Shahar en The Shaolin Monastery (2008).
El otro pilar del mito, el Yijin Jing o «Clásico del cambio de músculos y tendones», se atribuye a Bodhidharma pero está fechado en 1624 y lleva dos prólogos falsificados a nombre de los generales Li Jing y Niu Gao; el epílogo es de un taoísta del monte Tiantai, Zining Daoren. En 1930 el historiador Tang Hao demostró que la cadena entera era invención y le costó amenazas de las escuelas que vivían del cuento.
El manual ninja que sí existe
El Bansenshukai («Diez mil ríos que desembocan en el mar») lo terminó Fujibayashi Yasutake en 1676: veintidós volúmenes agrupados en diez libros que reúnen lo que quedaba de las tradiciones shinobi de Iga y Koga. Se escribió tarde a propósito: el oficio ya estaba muerto y sus practicantes buscaban puesto en la burocracia Tokugawa. Ahí están dibujadas las garras de mano shuko, el gancho de cuerda kaginawa, el kunai y los mizugumo, unos flotadores para cruzar fosos que el cine convirtió en zapatos para caminar sobre el agua. Cinco años después, Natori Masazumi firmó el Shoninki (1681), más breve y práctico.
Y ahora el detalle: el traje negro no aparece en ninguno de los dos. Sale del teatro. En el kabuki los tramoyistas visten de negro de la cabeza a los pies y se llaman kuroko; el público acepta la convención de que no están ahí. A los dramaturgos les bastó vestir al ninja de kuroko para decirle a la sala «a este no lo ven». Hacia 1800 la imagen ya estaba fijada, y de ahí la copió Occidente.
Copiado a mano de Fujian a Okinawa
El Bubishi no tiene autor ni fecha. Está en caracteres chinos con lecturas del dialecto de Fujian, habla de Puño del Monje y de Grulla Blanca, y circuló entre los maestros de Okinawa copiado a mano durante generaciones. Dentro hay:
- cuarenta y ocho diagramas de defensa personal, con dos figuritas enredadas en cada uno;
- mapas de puntos vitales del cuerpo;
- recetas de herboristería para curar golpes.
Itosu Anko sacó su copia; su alumno Mabuni Kenwa lo imprimió por primera vez en 1934. Miyagi Chojun, fundador del Goju-ryu, lo llamaba «la Biblia». El equivalente coreano sí tiene fecha y firmas: el Muyedobotongji, encargado por el rey Jeongjo en 1790 a Yi Deok-mu (1741-1793), Bak Je-ga (1750-1805) y Baek Dong-su (1743-1816), despliega veinticuatro disciplinas de infantería y caballería con sus láminas.
Los grabados que le pusieron cara
Utagawa Kuniyoshi (muerto en 1861) publicó entre 1827 y 1830 Los 108 héroes del Suikoden popular, estampas sobre la novela china A la orilla del agua. Se le ocurrió tatuar a los bandidos de cuerpo entero, cosa que nadie había hecho, y desató la moda del irezumi que sigue viva. De ahí sale buena parte de la iconografía marcial que damos por japonesa: dragones, tigres y monjes tatuados peleando con un palo.
En el otro extremo está Lam Sai-wing, alumno de Wong Fei-hung, que en los años treinta abrió escuela en Hong Kong y publicó tres manuales de Hung Ga fotografiándose él mismo posición por posición: Gung Ji Fuk Fu Kyun (1936), Fu Hok Seung Ying Kyun, con ciento doce imágenes, y Tit Sin Kyun. Murió en 1943 durante la ocupación japonesa.
De la página al fotograma
La primera película wuxia seria fue El incendio del templo del loto rojo (1928), de Zhang Shichuan para la Mingxing: diecinueve entregas de largometraje entre 1928 y 1931, veintisiete horas en total. Arrasó, y a principios de los treinta el Kuomintang prohibió el género por incitar a la rebeldía. No se conserva ni una copia.
En 1949 llegó Wong Fei-hung: Kwan Tak-hing lo interpretó en setenta y siete películas hasta los años ochenta, veinticinco de ellas solo en 1956, y el Guinness da la serie por la más larga del mundo. El estilo que se ve ahí es Hung Ga, el que Lam Sai-wing había puesto por escrito. La cadena no se rompe: La 36ª cámara de Shaolin (1978) la dirigió Lau Kar-leung, que aprendió Hung Ga de su padre, Lau Cham, alumno de Lam Sai-wing. El templo de Shaolin (1982), rodada ya en la China continental, sacó de la nada a Jet Li.
Kung Fu Sion (2004) tampoco inventa: el culi hace las Doce Patadas de la familia Tan, el sastre pelea con anillos de hierro haciendo Tit Sin Kyun —la forma más avanzada del Hung Ga, atribuida a Tit Kiu Sam— y el panadero maneja el bastón de los ocho trigramas. Karate Kid (1984) va al revés: la patada de la grulla no está en ningún manual. Se la inventó el guionista Robert Mark Kamen y la diseñó y ejecutó el especialista Darryl Vidal, que le puso los brazos; el doble de Pat Morita en el resto de la película fue Fumio Demura, noveno dan de Shito-ryu. Y las tortugas ninja empuñan sai, nunchaku, bo y katana, armamento de kobudo de Okinawa: tanto, que la censura británica recortó los nunchakus, la serie se estrenó en 1990 como Teenage Mutant Hero Turtles y en la secuela hubo que cortar hasta las salchichas que Michelangelo hacía girar sobre la cabeza.




















